Fotos: ACG

A un costado del Santuario de Guadalupe, que la mayoría en Morelia conoce como el Templo de San Diego, descansa una cruz de cantera que suele pasar desapercibida para quienes caminan diariamente hacia las facultades o el Bosque Cuauhtémoc. En publicaciones y monitoreos que circulan en plataformas web y redes sociales, usuarios le atribuyen un origen misterioso: afirman que guarda secretos oscuros, que no tiene la figura de Cristo y que fue levantada con lápidas de panteones antiguos.

Según testimonios en redes sociales, antes, en la cantera se podrían observar letras desgastadas, fechas a medio borrar y fragmentos de nombres. Sin embargo, a día de hoy, es casi imperceptible de verlos, debido a la erosión de la cantera. Según registros de la crónica local, la estructura sí tiene lápidas en su base, pero esto responde a un trabajo de rescate del patrimonio urbano de la ciudad.
El rescate de la memoria funeraria

En la década de 1960, según registros web, integrantes de la Junta para la Conservación del Aspecto Típico de Morelia, con la participación del arquitecto Manuel González Galván y el ingeniero Manuel Rodríguez Morales, coordinaron el traslado de la cruz desde la rotonda del Panteón Municipal hasta San Diego.

Fotos: ACG

Para construir el nuevo pedestal que hoy la sostiene, reciclaron bloques de cantera y losas funerarias recuperadas del antiguo cementerio.

El sitio también guarda una carga histórica ligada a la memoria de la ciudad. Según archivos históricos y relatos en redes sociales, a un costado funcionó la antigua penitenciaría de Morelia, en los terrenos que hoy ocupa la Facultad de Odontología de la UMSNH.

Por su cercanía con la cárcel, los alrededores del templo sirvieron como escenario de ejecuciones durante el siglo XIX y principios del XX, razón por la cual se le conoció popularmente como la “Cruz de los Fusilados”.

Fotos: ACG

Sangre, fusilamientos y la huella de 1924

El caso más recordado ocurrió el 26 de enero de 1924, durante la rebelión delahuertista. De acuerdo con documentos sobre la Revolución en Michoacán, el general revolucionario Cecilio García Alcaraz se atrincheró con sus tropas dentro del Templo de San Diego para contener el avance rebelde. Tras caer la plaza, fue capturado, fusilado e incinerado a unos metros del lugar, en los patios de la penitenciaría.

Hoy el flujo de personas no se detiene sobre la acera y la mayoría camina a toda prisa sin mirar hacia el suelo. Mientras el tiempo y los pasos desgastan las inscripciones de las supuestas viejas tumbas, la Cruz de San Diego permanece fija en el mismo rincón como testimonio de la memoria funeraria y bélica del primer cuadro de la ciudad.

Fotos: ACG

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