Odisea Política

Uno de los periodos más importantes, dentro del marco de los derechos sociales y civiles, es el ejercicio al voto, el cual requiere necesariamente que no haya conflicto territorial y que la democracia sea la convicción para el ejercicio de este derecho por parte de la ciudadanía. Situaciones, que particularmente en Michoacán, han sido sumamente complejas desde hace ya varias décadas.
La instauración del miedo como herramienta de control social y mediático que reproducen casi las 24 horas del día diversos medios de comunicación y las redes digitales, obedece a la colusión de diversos intereses en los que prevale la instauración de la goberOdisnanza criminal. Concepto profundizado por organizaciones, analistas e investigadores/as que nos dedicamos a comprender la inseguridad y la reproducción de la violencia, descrito como un fenómeno en el que los grupos del crimen organizado imponen reglas, administran justicia, regulan mercados y prestan servicios comunitarios en un territorio determinado, funcionando como una autoridad paralela o en simbiosis con el Estado.
Como michoacanos/as no nos es ajena dicho fenómeno, durante el Calderonato, en el 2006, se consolidó tras la diversificación delictiva de la operación de los carteles que transitaron del narcotráfico transnacional al monopolio de economías locales y la depredación territorial y, al mismo tiempo, lo que el gobierno federal en ese periodo ignoró, implicando vacíos institucionales o colusión oficial. Los grupos delictivos construyeron un “orden” social para obtener impunidad, colaboración pasiva o legitimidad entre los habitantes.
Y es que esto es un proceso que ha llevado su tiempo, su arraigo y su capitalización de base compuesta, principalmente, por familias y jóvenes varones que vivieron y vieron los despojos territoriales y de vidas, que fueron desmantelando la base organizativa comunitaria que alguna vez existió en sus localidades o municipios, ya sea campesina, productiva, empresarial, escolar, etc.
Por ejemplo, en zonas rurales, los grupos criminales resuelven litigios entre vecinos, imponen toques de queda y financian obras para afianzar su arraigo social, atienden la violencia contra las mujeres utilizando la misma brutalidad para con los generadores de violencia, las agresiones sexuales, cuyas víctimas enfrentan la impunidad porque quienes realizan tareas dentro del servicio público dedicados a la protección desafortunadamente forman parte de esos grupos, vinculándose peligrosamente con los perpetradores.
Por lo que no es casual que ahora estemos reviviendo, manifestaciones de violencia criminal que hace tiempo “habíamos” dejado de ver o naturalizamos al estar enfrentando la cotidianidad y la sobrevivencia diaria. Las repercusiones de esta violencia se sienten fuertemente porque se encarece el alimento, el trabajo, las ventas disminuyen, el dinero escasea, los traslados atemorizan, es decir, la vida se vuelve invivible así.
Por ello, es indispensable que quienes aspiran a la gubernatura de Michoacán, en particular por MORENA, no utilicen a la violencia, como herramienta y recurso para legitimarse. No basta la promesa de hacerle frente, es indispensable tener claridad, honestidad, inteligencia para atenuarla, contenerla y erradicarla. Para lo cual hay que considerar dos aspectos: desmonopolizar y despolitizar, a través de la regulación de la narrativa que ha servido como pólvora para incendiar la percepción, que de manera siniestra es utilizada por opinadores, analistas políticos y medios de comunicación para establecer especulaciones y falsas noticias, que lo único que generan es profundizar aún más sobre el miedo y el temor, por lo que implica abordar responsable y objetivamente la inseguridad como una demanda real e impostergable.
La escucha activa, comprensiva, atenta y frontal, es necesaria para legitimar a una sociedad herida, dolida, que le han impedido llorar sus pérdidas, que esta desesperanzada en diversas zonas de nuestra entidad. Por lo que Gaby Molina, uruapense, conocedora de la situación, servidora publica desde hace 25 años ha decidido no inventar discursos sino establecer una comunicación directa con la población que de alguna manera ha sido afectada por esta situación de la que todavía no hemos podido levantarnos.
La autora es feminista, psicóloga egresada de la UNAM, Maestra en Derechos Humanos de las Mujeres, defensora de casos relacionados con la Justicia Sexual y Reproductiva, Feminicidio, violencias contra las mujeres. Estudiante de filosofía política, ultraderecha y democracia. Directora de Humanas sin Violencia, A.C.
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