Foto: ACG

En las faldas del Cerro del Quinceo, la expansión de la ciudad comienza a dibujar un nuevo paisaje: viviendas de material que, aunque muchas aún se encuentran en obra negra o sin terminar, evidencian un crecimiento urbano constante sobre la ladera. Lejos de tratarse únicamente de construcciones improvisadas, en la zona ya se observan casas establecidas que se extienden progresivamente sobre el cerro.

El contraste se acentúa si se toma en cuenta que en 2023 autoridades realizaron operativos para desalojar asentamientos irregulares en esta misma zona, señalando riesgos y ocupación sin orden. En 2026, el panorama luce distinto: donde antes había estructuras precarias, hoy predominan construcciones más firmes que reflejan un proceso de ocupación más consolidado, aunque igualmente en expansión.

A simple vista, la transformación es clara. Calles trazadas, algunas ya delimitadas, se abren paso entre los terrenos, mientras postes de luz y conexiones eléctricas marcan la presencia de servicios que acompañan este crecimiento. La ocupación del espacio no parece temporal, sino parte de una dinámica urbana que continúa ganando terreno sobre la pendiente.

Este avance responde al crecimiento de la propia ciudad, donde la necesidad de vivienda ha empujado la urbanización hacia zonas cada vez más elevadas y en las periferias. Así, el Quinceo deja de ser únicamente un referente natural para convertirse en un espacio habitado, donde la mancha urbana asciende de forma sostenida y redefine el paisaje del norte de la capital michoacana.

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