¿Está el gobierno con los ciudadanos o contra ellos? ¿Están los gobiernos contra el narco o son aliados de ellos? Infinidad de testimonios, que son corroborados día a día por la población, apuntan a que ciertos gobiernos actúan con o para los narcos, que muchos gobiernos han sido puestos y respaldados por el crimen.

En el nido de la serpiente habita un animal híbrido, altamente peligroso, resultado de una relación sistémica, simbiótica, entre crimen organizado y cierto gobierno. Esta serpiente tiene la frialdad asesina y desalmada del narco y el poder político del gobierno legal.

Contra semejante poder el ciudadano aislado no tiene ninguna oportunidad ni esperanza. Debe pagar extorsión, llorar impotente por sus desaparecidos, velar con dolor y rabia callada a sus asesinados, conceder el despojo de sus propiedades, sofocar su furia por sus mujeres violadas, rezar y callar ante sus amenazas, bajar la cabeza ante su letal terrorismo.

¿Por qué razón un conjunto grande de políticos se niega a nombrar por su nombre a este fenómeno que está detrás de la criminalidad en el país? Qué pena y qué tragedia que esta realidad omnipresente no haya sido reconocida en el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia. Desde hace muchos años el ciudadano y su familia han comprendido que el gobierno no siempre está con él.

Que el poder de las armas gubernamentales, sus infanterías, sus helicópteros, sus sistemas de inteligencia, y sus capacidades técnicas y legales no se usan siempre contra los malos para destruirlos.

Los ciudadanos hemos visto que mientras esas armas reposan en los cuarteles y el monopolio constitucional del poder y sus capacidades técnicas están inmóviles, la serpiente que habita el nido acorrala y martiriza a los pueblos y a sus líderes; mientras en las instituciones del Estado suele mandar la serpiente criminal a nombre del gobierno, la legalidad y las instituciones yacen anestesiadas.

Ninguna estrategia para combatir a los criminales en nuestro país tendrá éxito si antes no se comienza por meter a la cárcel a los políticos que se hicieron del poder apoyados por los delincuentes. La razón es obvia, con el poder en sus manos simularán para cuidar a la serpiente y eliminarán al denunciante, al inconforme, porque su razón vital es proteger el imperio criminal que les da dinero y les facilita las capacidades para seguir medrando con el poder político.

Eso no está contemplado en el plan que hoy se dio a conocer muy lejos de las tierras michoacanas. Desde hace décadas se ha venido construyendo un narcoestado mexicano, y su ruta, salvo excepciones, no ha tenido interrupciones. Cada día aparecen revelaciones bien sustentadas de presidentes, gobernadores, senadores, diputados y presidentes municipales, vinculados estrechamente con los grupos criminales.

Ha evolucionado tanto esta relación que el criminal es el político y el político es el criminal. El fenómeno no se ha ocasionado por una deriva ideológica mal lograda de alguna agrupación política.

La entidad criminal no asume ninguna ideología. Lo mismo es de derechas que de izquierdas, su sustancia es el dinero y el poder al costo que sea, incluido el terrorismo y con ello la muerte de inocentes. Para destruir el nido de la serpiente la ciudadanía movilizada debe golpear la cabeza de esta. La cabeza es el poder político-criminal.

Si el gobierno de la República fuera en verdad consecuente en su Plan Michoacán por la Paz y Justicia, debió anunciar la aplicación inmediata de exámenes de control y confianza a la propia Presidencia de la República, al Poder Judicial, a todos los gobernadores, a los senadores, a los diputados, a los presidentes municipales y a los jefes de los partidos políticos, y mantener una investigación ordinaria y transparente de los gobernantes para identificar su pertenencia al crimen, para depurar al poder.

Si no hay un saneamiento del poder público todo quedará en una farsa y las acciones terminarán dándoles un respiro, reacomodando y fortaleciendo a los criminales, como ha ocurrido en los últimos sexenios. El gobierno mexicano tiene en sus manos el poder necesario y hasta de sobra para enfrentar y aniquilar a todos los grupos criminales, si así lo quisiera.

No lo hace porque tocaría a personajes de la alta política. Así como en su tiempo ocurrió con García Luna, por ejemplo, ocurre ahora con Adán Augusto y La Barredora, o Rocha Moya y los cárteles de Sinaloa, o Américo Villareal y la Columna Armada Pedro J. Méndez, o Evelyn Salgado y los Tlacos en Guerrero.

Para evitar que la serpiente se siga reproduciendo es preciso interrumpir su ciclo de reproducción. Y la vía por la que se reproduce es la electoral o la captura violenta. El poder terrorista y económico del crimen ha tomado desde hace años el control electoral de distritos y de municipios, con el poder territorial y de las armas decide quién va y quién no va.

El alimento de la serpiente son los caudales financieros que genera a través de la estafa y el parasitismo sobre los sectores productivos, grandes y pequeños. ¿A poco el gobierno, poseedor de un sistema de inteligencia financiero y acuerdos en esa materia con Estados Unidos, no ha podido identificar ese dinero y en qué lo gasta? ¿A poco no puede ir por esas fortunas, expropiarlas y dejarlos sin un centavo?

Pero, si lo hace muchos políticos pueden resultar afectados, como con Casa de Bolsa Vector, Intercam, CI Banco o el huachicol fiscal. Por eso, primero se deben limpiar todas las instituciones del gobierno, echarlos de ellas y llevarlos a la cárcel.

Si el Plan Michoacán por la Paz y Justicia del gobierno de la República no contempla, como así es, acciones inmediatas para destruir el nido de la serpiente, ―ese nicho en donde habitan políticos y criminales― que es la fuente la podredumbre que estamos viviendo y origen de la violencia y dolor de la sociedad, entonces su fracaso está cantado, será otro fracaso como el de sexenios pasados.


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