Una lengua, un mundo, una lucha contra la muerte y el olvido, esa es la historia del idioma purépecha, y esa es la labor de Francisco Martínez Gracián, sacerdote, impulsor de mejoras en la calidad de vida en la meseta purépecha y promotor de este idioma ancestral.

Y es que con más de 27 libros traducidos del hebreo, alemán, francés y griego directamente al purépecha, Francisco Martínez no necesita presentación, su trabajo es una muestra de esa carrera contra la muerte y el olvido que muchas lenguas, principalmente las lenguas originarias en México y el mundo, llevan a cabo para subsistir, dejar testimonio de su existencia y evidenciar la visión y la cultura que las alimenta.

Su más reciente trabajo es Le Petit Prince, de Antoine Saint Exupéry, traducido del francés al purépecha, material bilingüe distribuido entre escuelas de Michoacán con la esperanza de despertar en niños y jóvenes, no solo el amor por la lectura, sino el interés por las lenguas originarias y por la historia que en estas subyace.

Cuestionado sobre la necesidad de priorizar la enseñanza del purépecha sobre la producción de materiales escritos en este idioma, Martínez Gracián expresó que “ya me vas a hacer enojar”.

Y es que, aseguró, es urgente dejar testimonios escritos de la lengua purépecha, de cómo percibe al mundo, de cómo entiende las relaciones humanas y con el entorno natural, de cómo es diferente y similar a otros idiomas, algunos extintos, otros en vías de desaparición, unos más en pleno auge.

Más aún la elección de Le Petit Prince no es aleatoria, en este libro, que muchos creen un cuento para niños, Antoine Saint Exupéry expone la importancia de formar y consolidar la comunidad como la base de la construcción social, en contraste con el impulso del individualismo más exacerbado.

Y es que el Principito enseña al narrador la importancia de la amistad, que el valor de las personas no radica en cuánto tienen o cuánto poseen, sino cuánto sirven a los demás, cuánto aman a los demás, a semejanza de la civilización purépecha, donde no existe el yo, donde lo que importa es el nosotros, donde los individuos valen en función de lo que aportan a sus grupos sociales, en cuánto pueden hacer por estos, en cuánto pueden dar.

Francisco Martínez agregó que si bien es lamentable que algunas personas abandonan el uso de la lengua purépecha, mientras que otras no intentan aprenderlo, “el purépecha no está para limosnas, es una lengua rica, compleja y complicada, porque, a diferencia del español y del inglés, es aglutinante, es más compleja que el griego, el alemán o el latín, y es un idioma con una enorme identidad, con historia, con tradición, con cultura, de la que es necesario dejar no solamente el testimonio oral, algunas palabras que sobreviven al olvido, sino también materiales escritos que nos muestren el funcionamiento interno del idioma, a la vez que el funcionamiento del purépecha en la interacción con sus hablantes y entre estos, ese valor de lo comunitario que poco a poco en México se busca rescatar”.

Foto: ACG

Y no, no hay excusas, tras recordar que durante décadas niños y jóvenes en México han sido sometidos a la enseñanza del idioma inglés en las aulas, sin que se logre al momento un aprendizaje efectivo de ese idioma, precisó que 15 minutos cada tres días de un aprendizaje sistemático y concienzudo de un idioma hará posible que en un plazo estimado de seis meses el estudiante autodidacta se convierta en un hablante que empiece a mostrar competencia lingüística.

“A mí nadie me enseñó a hablar hebreo, tampoco alemán, ni purépecha, lo aprendí yo solo, sí, pero por un método, lo único que se necesita es un método y la voluntad para aprender cualquier idioma por difícil que parezca”, detalló.

Mientras explica, mientras expone, Francisco Martínez Gracián sostiene entre sus manos ejemplares de algunos de los libros que ha traducido al idioma purépecha, siendo el más reciente Le Petit Prince. Sostiene sus materiales con el amor con que un padre abraza a sus hijos y con la emoción de un guerrero que lucha, no contra un enemigo tangible, sino contra el jefe final de todas las batallas, el olvido y la muerte.


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