Morelia, Michoacán
Una familia destaca entre el intento de silencio y la oscuridad, una mujer con una blusa de cebra y una niña con un suéter rosa son parte de ella. La niña reclama que en la oscuridad no ve nada, “es que no hay nada”, dijo la madre que también espera desde hace más de media hora.
Algunos hacen shhh, otros callan con murmullos a sus niños impacientes por ver a los señores “encapuchados”. La esquina de avenida Madero y Vasco de Quiroga está detenida, las personas se imponen para acompañar el luto de la Virgen María.
Es la 49 edición de la Procesión del Silencio en Morelia, una de las pocas ocasiones en que el Centro Histórico se viste de oscuridad, las calles acompañan el luto de los católicos que en este día recuerdan la muerte de su salvador.





Algunos, un poco desesperados, veían en el celular alguna transmisión en vivo para saber si la procesión se acercaba a ese punto de la ciudad.
Eran casi las ocho de la noche cuando en los muros de cantera se ve la luz de los candiles de quienes encabezan la procesión. Como si fuera un sello, en la pared se proyecta la cruz que acompaña a los que van abriendo camino.
La niña de rosa repite que no alcanza a ver, el padre decide subirla a sus hombros, lo que ocasiona la molestia de los de atrás, pues les tapan la visibilidad.






Algunos otros niños suben a la barda de cantera del templo de La Cruz para, agarrados de la reja, buscar una mejor visión de lo que está por ocurrir. En el primer cuadro de la ciudad, la calle de Allende permanece oscura, son muy pocos los negocios que permanecen abiertos, abiertos pero a oscuras o con luz tenue.
La situación es distinta al llegar a la plaza Benito Juárez, el ruido de los compradores, los gritones y la luz de los comerciantes tolerados para estos días hacen creer que no hay una procesión a solo unos metros de distancia.
Eran las 8:20 pm cuando pasó un inspector del ayuntamiento para pedir que apaguen las luces únicamente a los puestos inmediatos a la avenida Madero. En balcones y terrazas de la avenida principal, personas veían la procesión, grababan y tomaban fotografías desde lo alto.




Algunos, enfadados por la espera, se retiran de la aglomeración, otros olvidan la petición de silencio para apreciar el paso de las 21 cofradías que participaron este año en la procesión que ya comenzaba a pasar.
En el último minuto de las 20 horas, el silencio en el que reinaban las matracas y tambores se rompió con música sacra, es una canción que narra desde la visión de la madre la vida de su hijo, sus primeros milagros, el dolor de su pasión y muerte.
Tambores y matracas, el sonido que reemplaza las campanas que callan hasta este sábado de gloria en la celebración de la vigilia pascual, pero también es el sonido seco que recuerda el luto de los católicos que esperan la resurrección de su salvador.
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