Morelia, Michoacán
Ni el calor impidió que cientos de personas salieran a las calles para acompañar al Cristo de la Juárez, en la edición 55 del Viacrucis, uno de los más tradicionales de Morelia.
¡Bajen los paraguas!, gritaban algunos, pues estos objetos impedían ver a los de más atrás, pero es que en verdad el intenso Sol de este Viernes Santo no está para exponerse desprotegido (ni en ningún otro día, por favor).
Sombrillas, lentes oscuros y gorras, portaban los que recorrieron completo el Viacrucis de la parroquia El Salvador del Mundo, que incluía calles como Manuel Muñiz, la avenida Juárez, la Cuautla y la Zamora.
En la calle Martín Castrejón, eran ya cientos de personas que acompañaban a Alfredo, el hombre que representó por cuarto año consecutivo a Cristo en esta parroquia, en este punto del recorrido algunos ya se lamentaban por haber quedado muy atrás en el recorrido.

Tanto los actores como los asistentes caminaban esquivando negocios, baches y autos estacionados, con soldados romanos sosteniendo varas para mantener a salvo a quienes participan en la representación.
Era la 1:30 de la tarde cuando el primer soldado llegó a la calle Ocampo #320 que tenía a las afueras de la parroquia tres escenarios por primera vez. Los primeros en llegar fueron Dimas y Gestas, inmediatamente detrás venía Jesús custodiado por varios soldados más.
Los primeros en ser crucificados fueron los ladrones que se colocan a los extremos de la cruz de Cristo, como marca la tradición católica.
A las espaldas del que sería el monte Calvario, se asomaban algunos juegos mecánicos para la fiesta del templo que se lleva a cabo este domingo y algunos asistentes consideran que el Viacrucis del centro histórico les quitó público en la Juárez.

Una persona al micrófono le ruega a los asistentes que bajen sus sombrillas para que las personas que se encuentran atrás puedan apreciar el Viacrucis.
El rostro desencajado de las personas más cercanas al escenario principal era muy notorio, podría ser la representación o el intenso calor, pero en sus rostros se veía el sufrimiento.
La experiencia de los actores era muy notoria al elevar la cruz de Cristo en cuestión de minutos y darle agilidad a la representación de su muerte.
Al finalizar con los pasajes bíblicos de la muerte de Cristo, los soldados lo bajaron de la cruz, cargado, lo colocaron en la representación de la Sábana Santa para que María la virgen, María Magdalena y Juan el apóstol lo ungieran con un aceite oloroso a flores.
De nuevo, una voz al micrófono invita a asistir a las actividades que la parroquia tendrá durante los próximos días, mientras enrollan a Jesús en la sábana y lo llevan cargando al altar del templo.

Ahí, la representación de la Virgen, el apóstol Juan y un grupo de niños velan la muerte de Cristo a la vista de asistentes que siguen desencajados por el realismo de la representación que se siente cercana, pues caminaban entre los asistentes y les pidieron en muchos momentos que despejen el camino.
En el altar, tal como Alfredo nos contó en una entrevista previa para Primera Plana MX, algunas personas le rezan, acompañan a la virgen en su dolor, trasladados a tiempos de Poncio Pilatos.
Uno de los presentes se acerca para tocarlo pero amablemente la representación de su madre lo impide, mientras Alfredo se mantiene aún concentrado en su papel, ese en el que su abuelo anhelaba verlo.
Al salir de la parroquia, pareciera irreal que algunos minutos antes la calle estaba llena de espectadores, ya no hay paraguas, solo el murmullo de personas que quedan afuera de la parroquia para comprar un raspado, unos hot cakes o un diablito en los puestos que también fueron testigos de la tradición del Viernes Santo en la calle Ocampo.




