Fotos: Grupo de Semana Santa José Zavala Paz

Alfredo Hernández Calderón es el hombre que ha representado a Jesucristo durante 10 años y al que las personas se le acercan para pedirle milagros durante el Viacrucis.

Esta Semana Santa, Alfredo representará a Jesucristo por cuarta vez consecutiva en la Parroquia “El Salvador del Mundo” en la colonia Juárez.

Ha participado por 30 años en el viacrucis, motivado la primera vez por su abuelo cuando tenía 10 años, sin embargo, él no alcanzó a verlo de Cristo, pues falleció cinco meses antes de su primera vez como el Mesías de la religión católica.

Alfredo recuerda que desde la primera vez personificó soldados, pues era más alto que los niños de su edad, posteriormente pasó a hacer lo que él menciona como “los malitos”, por ejemplo, Judas o Gestas, algo que a su abuelo no le gustaba.

Fue a los 29 años cuando representó por primera vez a Jesús. A pesar de los golpes y maltratos que recibe en esta representación, hoy a los 41 años afirma que lo hace como un agradecimiento al milagro de la vida.

“Yo le dedico mi trabajo y la verdad me da salud, tengo salud, trabajo y por eso es que yo lo hago, por darle gracias, por poner mi granito de arena de todo lo que él me ayuda en el año”.

Alfredo, accesible a platicar con Primera Plana MX interrumpiendo unos momentos su ensayo, nos cuenta que es panadero de profesión, los días de ensayo su día comienza a las 3:30 de la mañana y termina después de las 12 de la noche, a veces con menos de cinco horas de sueño.

Su padre, sus hermanos y sus hijos son su principal público, pues su madre no soporta ver los flagelos que en esta parroquia son realistas, a diferencia de su experiencia en otros templos.

“Aquí sí son golpes, nos golpean con látigos, con carrizos, cachetadas, patadas, aquí sí es más fuerte, pero ya está uno mentalizado. Desde que le hablan a uno para hacer el personaje de Jesús ya sabemos de lo que se trata”.

El jueves santo su familia completa lo acompaña para la escenificación de La Última Cena, pero el día viernes su madre no asiste para no presenciar ese pasaje bíblico, pero su padre y sus hermanos lo acompañan, además de colaborar en la escena de la crucifixión.

Alfredo, nervioso, me cuenta que la cruz pesa aproximadamente 70 kilos, es elaborada con vigas de seis metros de largo y tres de travesaño, que algunas veces están humedecidas y pesan más, pero cada año tiene que ser una cruz nueva pues por las caídas del Cristo se dañan.

Esos días, narra, le pide fuerza a Dios para terminar todo el recorrido, en el que hace dos años se descalabró en una de las últimas escenas y terminó en la Cruz Roja al final de la escenificación.

El sol, los golpes y cargar la cruz son los principales retos del recorrido, dice, pero para ello se prepara con mínimo una hora y media diaria en el gimnasio, adicional a su labor como panadero.

El recorrido que dura aproximadamente dos horas, abarca toda la calle Ocampo hasta Manuel Muñiz, recorre la avenida Juárez a la altura de Martín Castrejón, de ahí se continúa hasta llegar a Cuautla, de ahí a la calle Zamora para regresar a la Ocampo.

“Voy en la esquina y digo ‘ya no voy a aguantar’, pero levanto los ojos y digo ‘ayúdame’ y gracias a Dios: o uno calienta o Diosito nos echa la mano, porque a la vuelta ya va uno más recuperado”.

Reconoció también que en la tercera caída el recorrido es todavía más difícil de sostener, pero logra llevarlo hasta el final.

Alfredo afirma que en estos años hay personas mayores que se le han acercado durante el recorrido para pedirle favores, milagros o que interceda por sus familias.

Fue hace dos años cuando, me cuenta, se le acercó una niña durante el cambio con el Cirineo para darle ánimos y apoyarlo para que terminara el recorrido, pues fue el año que acabó en la Cruz Roja.

“Ella me empezó a decir ‘no tengas miedo, tú puedes, tú eres muy bueno’ y me pidió por una persona muy cercana a ella, me hizo hasta llorar”.

Considera que los golpes podría ser lo que le da esa sensación a las personas, pues sus heridas tardan hasta un mes en sanar, principalmente en la espalda, aunque él vuelve a la panadería desde el Sábado de Gloria.

“Aquí se termina como a las tres, nos toca venir todavía a la procesión de la noche y ese día duermo por la noche y el sábado ya a trabajar”.

Alfredo mencionó, es un orgullo que en esta parroquia hay nuevas generaciones pues continúan con la tradición de este viacrucis, pero, reconoce, es un reto para ellos acercar a los jóvenes a la iglesia.

“Nuestro mensaje es más que nada para la juventud, las personas ya mayores vienen, pero la juventud es la que es muy difícil, nuestro mensaje es para ellos porque la cultura se ha perdido”.

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