Fotos: Carlos Guzmán

El pasado fin de semana, las comunidades aledañas al Lago de Pátzcuaro se unieron para reconectar con lo simbólico y con lo sagrado del espíritu del agua. La Carrera de las Siete Aguas, coordinada por Yao Eduardo Gómez Pérez, líder del calpulli Coyoltin Ayacaxtli, reunió a 150 personas que recorrieron 85 kilómetros para rezar mientras corrían, para ofrendar su esfuerzo.

Desde el Muelle General de Pátzcuaro a las 6:00 horas del sábado 6 de julio, los participantes emprendieron un recorrido que incluyó visitas a manantiales como Chapultepec, Urandén y Los Azufres, entre otros. Estos sitios fueron seleccionados por su importancia como portales sagrados, son el contacto con el Gran Espíritu.

“El número siete, que da nombre a la carrera, hace referencia a los ciclos de la luna, fundamentales en el flujo de las aguas y en la vida misma”, reflexionó Yao en entrevista para Primera Plana Mx.

Gómez Pérez, quien recientemente se trasladó a vivir a la ribera del lago de Pátzcuaro, compartió que esta ceremonia nació de visiones y sueños que ha recibido en los últimos dos años. “El agua de los mares, de los ríos, es un espejo de nuestra agua como humanidad”, reflexionó, destacando la importancia de replantear nuestra relación con estos lugares sagrados, por ello se animó a hacer las gestiones para que las comunidades se sumaran al rezo para cuidar del agua.

Durante el recorrido, los corredores llevaron consigo una tortuga, símbolo de la unión de las siete aguas y del flujo natural del lago. Esta tortuga, además de limpiar simbólicamente el agua, invocaba su regreso al lago. Al final del trayecto, las aguas recogidas en los manantiales fueron vertidas en el caparazón de la tortuga, representando la unión y la recarga del Lago de Pátzcuaro.

Las comunidades de Ichupio, Ihuazio y Erongarícuaro brindaron apoyo a los participantes con alimentos, agua y hospedaje. La carrera se dividió en dos jornadas: la primera de 60 kilómetros realizada el sábado y la segunda de 25 kilómetros del domingo, en una muestra de la ofrenda por parte de los corredores que participaron en la ceremonia.

La ceremonia concluyó con una danza mexica en el Muelle General, donde abuelas y mujeres medicina reflexionaron sobre la relación con el agua y la necesidad de congruencia en nuestras acciones diarias. “Es importante caminar con congruencia, más allá de esta dimensión espiritual del trabajo”, recalcó Yao, quien también es maestro de Educación Física y terapeuta Gestalt.

El mensaje final de Gómez Pérez fue claro y contundente:

“Si algo le pasa al Lago de Pátzcuaro, si él desaparece, una parte de mí también desaparece, una parte de mi chispa también se va apagando”. Enfatizó la necesidad de recordar el valor de lo sagrado y de actuar con sensibilidad y amor hacia estos lugares que nos proveen de tantas bondades.

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