“Tú, la misma de ayer
La incondicional
La que no espera nada
Tú, la misma de ayer
La que no supe amar
No sé por qué”

El anterior es un párrafo del conocido cantante Luis Miguel, en una de sus canciones más icónicas “La Incondicional”, en la cual se expresa devoción y lealtad amorosa hacia una persona de forma exacerbada. Por lo que, tanto esta letra como muchas otras que hablan de la incondicionalidad del amor, nos invita a reflexionar sobre el concepto de amor y los posibles efectos emocionales que puede tener esta actitud.

Ser incondicional en el amor implica entregarse por completo a la otra persona sin esperar nada a cambio. Es un acto de generosidad y sacrificio que puede ser muy noble, pero también puede tener consecuencias emocionales significativas de que una persona esté dispuesta a darlo todo sin importar las circunstancias y consecuencias que pueda tener; lo cual, puede llegar a ser admirable, pero también genera situaciones de dependencia emocional y desgaste personal.

Ahora bien, Walter Riso en su libro “Ama y no sufras”, retoma tres conceptos griegos para mencionar que un amor sano requiere de los siguientes factores importantes: Eros (el amor que toma y se satisface), filia (el amor que comparte y se alegra), y ágape (el amor que da y se compadece).

Continuando con lo anterior, ágape es el amor desinteresado, este suele ser la última etapa en la construcción del amor y algo que se me hace relativamente peligroso es que se compare el amor agapico, con el amor de Jesús, Buda, Simone Weil y krishnamurti (en la forma en la que ellos se sacrificaron por las personas).

De manera que, si no se logra identificar esa pequeña y delgada línea que separa el amor sano del sacrificio, la persona entregará todo sin esperar nada a cambio. Sin embargo, en contraste a ello y como una forma más sana, Bert Hellinger dice: “un amor maduro exige un equilibrio entre dar y recibir, porque aquello que no es mutuo, resulta ser tóxico”.

Estar en la constante espera del amor y ser incondicional puede generar un desequilibrio emocional en la persona que lo experimenta y la falta de reciprocidad en una relación suele causar frustración, tristeza e incomprensión. Asimismo, la dependencia emocional en la pareja suele generar ansiedad, miedo al abandono y afecta la autoestima.

Pero, ¿como saber si te convertiste en la incondicional?

Para poder identificarlo, habría que considerar los siguientes puntos:

  • Idealizar la relación y no ver la realidad de lo que realmente existe.
  • Hay una herida de abandono y/o rechazo que hacen a la persona complaciente y/o dependiente en extremo.
  • Hay una asimetría entre lo que se da 100% y lo que se recibe 0%.
  • Aparecen síntomas de abstinencia similares a los de una adicción.

En referencia a este último punto, en la Universidad de Montreal en Canadá, los doctores Mario Beauregard y Jérôme Courtemanche, llevaron a cabo un estudio en el cual pretendían descubrir si el amor incondicional comparte los mismos mecanismos neurales que los procesos adictivos. Los resultados obtenidos sugieren que el amor incondicional está mediado por una red neuronal distinta a la que mide las otras emociones, encontrando que esta red contiene estructuras cerebrales que se sabe están implicadas en el amor romántico o el amor maternal.

Asimismo, algunas de estas estructuras representan componentes clave del sistema de recompensas en el cerebro, puesto que dicho mecanismo esta regido por la dopamina, la serotonina, la norepinefrina, la oxitocina y la vasopresina. Lo cual quiere decir, que este cóctel preparado en el cerebro, genera creencias irracionales e idealizadas que llevan a la persona a estar permanentemente en la espera del “amor”.

Por ejemplo, Martha la protagonista de la famosa serie “bebé reno”, interpreta una escena en la cual se queda esperando en la parada de camiones, expuesta a la intemperie del clima, sin comer o beber agua; esto trae como consecuencia síntomas de desgaste físico y emocional. Y ¿cuántas veces se deja de lado el autocuidado por permanecer en espera de la reacción de la otra persona?

Como señaló Erich Fromm en El arte de amar: “El ansia de relación es el deseo más poderoso en las personas, la pasión fundamental, la fuerza que aglutina a la especie humana, al clan, a la familia y a la sociedad. La solución total de la existencia es la unión entre las personas, la fusión con otro ser, el amor”.

La espera perpetua del amor lleva a descuidar otras áreas de la vida, a perder la autonomía y la identidad propia. Ser incondicional no implica ignorar nuestras propias necesidades y límites, sino encontrar un balance sano entre dar y recibir en una relación; además que, es fundamental cultivar el autoestima, la independencia emocional y establecer límites saludables en el amor.

Por otro lado, aunque no es el objetivo del presente, es importante conocer la otra cara de la moneda, en la cual aparece el término anglosajón “benching”. El cual es un fenómeno en el que una persona mantiene a otra en un estado de espera, sin comprometerse emocionalmente, ni avanzar en la relación, manteniendo un mínimo de contacto con el objetivo de manipular y obtener un beneficio propio; sin embargo, esta dinámica no se presenta en todos los casos, toda vez que en ocasiones la “incondicional” sólo idealiza la relación.

En conclusión, el amor verdadero se construye desde la reciprocidad, el respeto y el cuidado mutuo.

«La vida es un resultado de decisiones una después de la otra, ellas tienen diferentes formas y tamaños, correctas o no, no importa porque la vida sigue su curso, si te quedas quieto, la vida puede pasar por tu lado».

Es recomendable buscar opciones de ayuda terapeutica que te den herramientas para salir de este tipo de relaciones y puedas continuar tu vida de una forma sana.

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