La funeraria lucía repleta de gente que acompañaba a doña María Griselda y a sus seis nietos, víctimas del incendio ocurrido hace unos días en la Lomas de La Aldea, durante la velación de los cuerpos.

Ahí, un mariachi tocaba canciones que quiza le gustaban a María Griselda en vida; pero también, a ratos, una joven cantaba alabanzas religiosas.

Llegaba gente de todas las edades para acompañar la misa de cuerpos presentes, que se tenía contemplada a las 13 horas.

Sin embargo, la armonía que en un principio se sintió en la colonia Lomas de la Aldea y en las primeras horas en la funeraria, comenzó a pender de un hilo cuando familiares de las víctimas expresaron su molestia.

Y es que no les gustaron los comentarios que vecinos emitieron y que revelaron la vida de pobreza que llevaba doña María Griselda y sus nueve nietos, hijos de dos hijas, una de ellas fallecida y otra desaparecida, dijeron.

Incluso vecinos más cercanos aseguraron conocer a la abuelita desde hace 25 años, cuando llegó a ese lugar, donde instaló su choza de madera y cartón, la misma que no les permitió escapar de la tragedia.

Dijeron que las hijas tuvieron a los nueve nietos que María Griselda acogió. Vivían en esa casa con láminas galvanizadas de techo, algunas vigas que sostenían la estructura construida en su mayoría de madera, plástico y cartón, materiales que nunca cambiaron en 25 años.

Los vecinos contaron que vieron crecer a los nietos de doña María Griselda: Paulo V, Roberto Taylor R., Santiago R., Ángel Elian R., Ricardo R., y Eduardo Tadeo Y., de 6, 13, 6, 12, 9 y 6 años, respectivamente. 

Hablaron, además, de otros tres menores de 14 años: una niña de 10 años y otro niño del que desconocen su edad, quienes lograron sobrevir a la tragedia.

Pero nunca mencionaron a más familiares. Incluso el día del incendio se ofrecieron a reclamar y velar los cuerpos, si no los reclamaban cercanos a la abuela y a los nietos.

Hoy, confirmaron que incluso un vecino quería tumbar la estructura del domicilio que ardía en llamas con su camioneta, pero no lo hizo porque no sabia donde estaban las víctimas y no quería lastimarlas.

Las declaraciones de vecinos enojaron a familiares y directos e indirectos que arribaron al velorio; se sintieron molestos por los comentarios que salieron en diferentes medios de comunicación; les molestó que se dijera que las víctimas vivían en la pobreza.

La molestia de los familiares, expresada en el velorio, dividió a los vecinos que ya no siguieron ahí, se retiraron.

Tan así, que el cotejo se convirtió entonces en un desolado desfile fúnebre, en el que sólo un grupo de unas 10 personas, a bordo de una camioneta, acompañaron a las tres carrozas en las que trasladaban los restos de la abuelita y de sus seis nietos a su última morada.

El cortejo pasó por avenida Acueducto, siguió por la avenida Madero hasta llegar al libramiento para ingresar al fraccionamiento El Vergel, donde se ubica el camposanto.

No se dijo por qué los vecinos ya no fueron; si fue la molestia, la distancia o la poca economía.

Lo único verdadero, es que desde esta tarde los restos de la abuela María Griselda y de sus seis hijos (nietos) Paulo V, Roberto Taylor R., Santuago R., Ángel Elian R., Ricardo R., y Eduardo Tadeo Y., ya descansan en paz en el cementerio El Vergel.

Los vecinos dicen que extrañarán a la mujer que se hizo cargo de sus nietos, ya nada será igual, refieren, ya no los verán salir de la casa, de la que ahora solo quedaron escombros; pero también aseguraron estar en paz al ayudar en lo que pudieron a la señora y a los niños; por eso no reclaman nada y confían en que el tiempo les dará -o no- la razón.

De los otros tres nietos, los habitantes de Lomas de la Aldea aseguraron estar preocupados, pero ofrecieron su ayuda para volver a levantar la humilde casa consumida por el voraz y trágico incendio.

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