Ciudad de México

Tijuana y Mexicali, dos ciudades fronterizas con Estados Unidos, se han transformado en el laboratorio perfecto para que los carteles calculen la dosis correcta de fentanilo que puede soportar una persona, reduciendo costes y aprovechándose del enorme problema de drogadicción que existe en la frontera.

Para ello comenzaron a distribuir la droga mezclada con otras sustancias como cocaína, metanfetamina, heroína y cristal hasta detonar una cierta tolerancia al fentanilo.

Hace unas semanas, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó un informe en el que afirmaba que las organizaciones criminales experimentan en humanos para medir la potencia de la droga que venden.

La nueva droga sintética es más potente, barata, y difícil de detectar lo que la ha convertido en un lucrativo negocio que mueve miles de millones de dólares, y a su vez, es la responsable de una crisis de salud pública que mata cada año a decenas de miles de estadounidenses.

Hace una semana, México aprobó en la Cámara de Diputados una iniciativa impulsada por el presidente López Obrador para castigar con hasta 15 años de cárcel a quien trafique con precursores químicos del fentanilo con el ánimo de frenar la crisis que está provocando la fabricación de la droga sintética en territorio nacional.

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