Fotos: ACG y Fátima Paz.

Morelia, Michoacán

Leemos para aprender. Leemos para enseñar. Leemos para preservar. Leemos para renovar. Leemos para construir. Leemos para deconstruir. Sobre todo, leemos para vivir.

Porque a través de la lectura adquirimos acceso a otros mundos, otras épocas, otras vidas, con los que enriquecemos nuestros horizontes culturales y despertamos la necesidad de reflexionar y cuestionar eso que llamamos nuestra realidad.

La Feria Internacional del Libro de Morelia es un escaparate que del 23 de septiembre al 1 de octubre estará habilitado en las plazas de Armas y Benito Juárez, así como en el Andador Hidalgo, para ofrecer a la venta títulos que lo mismo versan sobre manga que sobre bioquímica, literatura contemporánea y los grandes clásicos, autores reconocidos y otros no tanto, en un amalgama que da riqueza y variedad para los diferentes gustos y bolsillos.

Un escaparate que es más que una política pública para fomentar la lectura e incentivar la economía de las industrias culturales, ya que se constituye como un lugar de encuentro, un espacio para la cita entre el libro y su futuro lector.

Los libros nos escogen, nos seleccionan desde sus aparadores, desde las mesas donde se amontonan y desde sus envolturas cuidadosamente elaboradas para tener una cita a ciegas con algún título sorprendente.

Más aún. Es un espacio donde el futuro lector toca los materiales, percibe el aroma que emana de sus páginas, contempla sus colores y tipografías y lleva a casa uno de ellos.

En las escuelas y los centros laborales, la lectura ha sido asociada con el deber. Leer para aprender, leer para trabajar, leer para producir. Se lee con un propósito, para estar informado, para incrementar la cultura general, para estudiar para un examen, para publicar una fotografía y una frase motivacional en las redes sociales.

Desde los gobiernos, se impulsa la lectura asociada con la alfabetización y la escolarización, para propiciar condiciones en los ciudadanos para obtener empleos de calidad.

Y en la Feria del Libro se pretende leer sin un propósito que exceda el solo placer de leer. Leer para compartir, leer para entretenerse, leer para sentir placer, leer porque sí.

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