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Morelia, Michoacán

Hay dolores que nunca se superan, que no se terminan, sin importar el tiempo y la distancia. Es el caso de las víctimas de los ataques con granadas que se suscitaron la noche del 15 de septiembre de 2008, durante la ceremonia del Grito de Dolores, en el Centro Histórico de Morelia.

Para algunos, esa fecha representa la pérdida de un ser querido; para otros, la pérdida de la salud, mientras que algunos más perdieron la tranquilidad y la confianza de salir a las calles y disfrutar de las festividades.

“Salí muy contenta ese día y perdí la pierna, los 4 de mi familia que salimos ese día regresamos al hospital… salimos contentos, y unos no regresaron, otros lo hicimos con dificultades”, refiere Belén Zavala, sobreviviente de los ataques.

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“He debido luchar, con el auxilio de la abogada Reyna Velasco, para que se me reconozca como víctima, porque sólo estaba como agraviada y en esa calidad no podría acceder a la reparación del daño, ahora busco que se aumente mi pensión, al menos en la cantidad que otros que perdieron una pierna tienen, porque a mí no se me ha incrementado el apoyo que me otorgó el ex gobernador Silvano Aureoles Conejo, por 5 mil pesos a la quincena”, señala María de Jesús Vázquez Silva, sobreviviente de los granadazos.

Ambas reconocen que la vida que llevaban previo a estos incidentes ha cambiado, pero persisten las omisiones y las carencias que enfrentan.

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“La vida es totalmente diferente a como era antes, nos cambió la vida a todos, nada es como antes era”, reitera Belén Zavala.

“Está el compromiso del gobernador Alfredo Ramírez Bedolla de ver lo del reconocimiento de 16 a 20 personas más, porque ahora no hay de la Fiscalía General de la República (FGR) más que los mismos términos de la Procuraduría General de la República (PGR) de no reconocer a nadie más”, explica María de Jesús Vázquez.

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