Educación en México, machista también en las aulas

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Akelarre

Siempre se ha dicho que la educación es la base del desarrollo de nuestro país, porque interviene en el fortalecimiento para ser productivos, buenos, mejor preparados para el campo laboral, que la escuela es el segundo hogar para niñas y niños y la única opción para la movilidad social y el posible triunfo en la vida adulta.

Si revisamos el modelo actual de la educación en México, la escuela pública es un espacio de adoctrinamiento y preparación para convertirnos en buenos empleados. En ciudadanos obedientes, que cumplan sus tareas, hagan su trabajo e identifiquen los roles y jerarquías existentes para una sana convivencia social.

La Educación es un tema pendiente, de actualizar en varios sentidos, es verdad, ya sea desde el sistema que utiliza, los contenidos, el tipo de pedagogía, etc.

Dice Freire en su libro Pedagogía del oprimido “nadie educa a nadie -nadie se educa a sí mismo-, los hombres se educan entre sí con la mediación del mundo. El hombre como ser inconcluso y consciente de su inconclusión y su permanente movimiento tras la búsqueda de SER MÁS”. Pero en el mundo que vivimos, “Hay alguien todavía más oprimido que el obrero, y es la mujer del obrero”, como bien señalaba la activista por los derechos de las y los trabajadores, Flora Tristan.

La escuela, el aula siendo un espacio público, social de convivencia, sirve como concentradora de ideas, en ella se muestran y reproducen roles y estereotipos tradicionales de género, hay mensajes subyacentes que también educan, porque no sólo la casa y la madre educan, no, educa el espacio público, el entorno, la calle, los medios, las redes sociales, las ausencias y las presencias.

Toda la construcción social y las narrativas públicas son parte de la educación de esos seres con impresionante capacidad para absorber el mundo y replicarlo, las niñas, niños, adolescentes y jóvenes, a merced de quienes diseñan la educación y quienes la imparten.

Pero ¿cuál es mensaje, esa construcción que el sistema patriarcal ha implementado en las escuelas?. Bien, vayamos por un recorrido. Iniciando en la estructura de la escuela, naturaleza material de las aulas y la distribución del espacio público.

Desde muy pequeñas, entendemos que el área de juegos, las canchas deportivas y los grandes patios son territorio masculino, imposibilitadas por otro mandato genérico, como lo es la falda, nos vemos orilladas, segmentadas a utilizar pequeños espacios para convivir en las escuelas, en los tiempos libres, en la cafetería, en las orillas, en donde no estorbemos el juego libre y apasionado de los niños.

Dueños del espacio para aprender a jugar en equipos, hacer acuerdos, validar su posición de supremacía con juegos físicos, de fuerza, de liderazgo.

Las niñas son confinadas a pequeños espacios en donde puedan realizar las que se supone son sus tareas favoritas como platicar, chismear, comer, dibujar o lo que sea que se supone que debemos hacer las mujeres desde pequeñas.

Pocas son las escuelas públicas en la actualidad que dividen de forma equitativa y paritaria los espacios de las escuelas para niñas y niños, que realizan ocupación por turnos o administran la posibilidad de jugar y de integrarse a cualesquiera las actividades que deseen las niñas y los niños realizar o que integran a las niñas a la actividad física, a los equipos deportivos o realizan competencias mixtas de fútbol, Básquetbol, atletismo o cualquier otra.

¡Tú no juegas! ¡Corres como niña! ¡Si le ganas a los niños, nadie te querrá de novia!, y, ¡las niñas no juegan fútbol o se hacen machorras!, -son algunas frases que acompañarían a la perfección mi anterior narrativa-.

Estar sentaditas y obedientes es el primer mandato tácito, obstáculo es tener falda con la cual deben en todo momento tener cuidado, sopena de parecer desviada o poco femenina, deben cuidar bajo cualquier circunstancia qué puedan los demás ver por debajo de su falda, la falda es el primer dispositivo de control en las escuelas, el cabello le acompaña y las actividades extra, como tejidos y bordados, la costura para ellas, mientras los niños juegan en el patio y aprenden a construir equipos.

En importantísima medida están los planes de estudio en cuyos materiales aún podemos observar, libros de texto cuya información abiertamente contiene sesgo de género, la historia que nos cuentan en los libros de texto no incluye a muchas mujeres, definitivamente no de manera paritaria, pues los grandes de la historia parecen ser únicamente señores bravos, valientes, inspirados que tuvieron la habilidad, la hombría y el poder de llevar a nuestro país por el camino de las armas varias veces, siempre sin éxito, siempre terminando como víctimas y grandes mártires, por otro lado, pocas mujeres figuran pero siempre apoyando a los hombres, ¡vaya! ni doña Josefa Ortiz de Domínguez, menos “la Malinche”, logran un papel protagónico en la historia, a pesar de sus esfuerzos.

Si pasamos a la literatura, las ciencias sociales y la filosofía siempre son hombres los autores de los textos que nos enseñan desde muy temprano. Otro mensaje subyacente es que en todos los tiempos han sido ellos quienes conocen y reproducen el pensamiento, los únicos intelectuales, escritores y artistas que vale la pena citar y recordar.

Recuerdo también una anécdota, cursaba yo en la escuela secundaria técnica, el uniforme de deportes era color blanco, debajo llevaba un diminuto short con resorte muy justo, además de la incomodidad propia de la edad, el uniforme era un dispositivo de control para cualquier actividad y un elemento de terror, pues muchas de nosotras tuvimos accidentes en los años de nuestra primera menstruación, aquellas gotas de sangre en un pants muy justo y blanco, eran la pesadilla perfecta.

Así también lo era el maestro de deportes, sabrán que por alguna razón, generalmente ninguno parece maestro de educación física, pues para empezar no practican el deporte, lo cual es evidente en sus cuerpos, así que desde una banca jardinera en la orilla de la cancha hirviente bajo el rayo de sol de la una de la tarde, nos gritaba las indicaciones, “¡Todas las niñas en Short! Tienen cinco minutos para quitarse el Pants y regresar a darle cinco vueltas a la cancha”.

Culmino la anécdota comentando, que si acaso tenías algún interés en la actividad deportiva después de semejante ejemplo, eras orillada a buscar otras actividades, pues los tres diferentes maestros de educación física que tuve en la secundaria eran especialistas en hacer mofa de cualquier movimiento que las niñas hiciésemos al correr, jugar, competir, y verdaderos maestros eso sí, en poner apodos a todas y todos, además de las miradas risueñas y fastidiosas de compañeros y maestros salir a todas con aquellos blanquísimos e incómodos shorts, creando un ambiente de burla, frustración y molestia que nos alejarían a muchas de cualquier tipo de actividad deportiva en la escuela.

Las aulas son ocupadas y dirigidas en este sistema educativo adulto -centrista, adoctrinador, patriarcal, discriminador de minorías, parcial, simulador y anacrónico- por personajes igualmente terribles, quienes ciegos ante la necesidad de modificar la Educación en el país, parecen complacidos de seguir inculcando estos modelos para el mejor control social.

Muchas son las maestras y los maestros quienes con verdadera vocación hacen magia en los espacios de trabajo mal pagados, mal equipados y bajo consigna de temer siempre por su empleo al tratar de hacer más de lo que corresponde y negarse a perpetuar a ciegas un sistema mediocre y nocivo. Para ellas y ellos nuestro reconocimiento y la responsabilidad compartida de la niñez y juventudes, pues somos y ellos serán el resultado de lo que absorbemos en casa sí, pero también en la calle, en los medios, en las redes, en la escuela.

El borrado histórico de las mujeres intelectuales, matemáticas, inventoras, filósofas, políticas, debe ser vindicado, los libros de texto deben incluirlas, asimismo fortalecer la imagen de nuestros ancestros y ancestras cuyo legado es de gloria, sabiduría, conexión con la tierra, conocimiento del cosmos, una riquísima cultura que queda siempre sepultada en los libros de texto bajo las historias de hombres caudillos, violentos, patriarcales y perdedores de cada batalla por el control del poder ante otros hombres violentos, machistas pero más ricos y poderosos.

La transformación de la educación debe incluir una perspectiva feminista, utilizar la sabiduría de los tres siglos de desarrollo intelectual y pensamiento de las mujeres para así desde la infancia, en la educación primaria, valorizar, visualizar y promover la participación de las mujeres en todas las áreas del conocimiento, las ciencias, el arte, el deporte y la participación pública.

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