Morelia, Michoacán

A miles de kilómetros de su hogar y entre carencias pernoctan en la Terminal de Autobuses de Morelia (TAM) familias de migrantes que iniciaron la travesía hacia Estados Unidos, con punto de partida en Haití, en busca del sueño de una vida mejor para sus familias.

De momento, ese sueño tendrá que esperar. La realidad que siempre se impone, es una estancia a las afueras de una de las salas de la TAM, reunidas sus pertenencias en pequeños montones de maletas, mochilas y cobijas, en tanto que el Instituto Nacional de Migración (INM) resuelve otorgarles los permisos requeridos para que transiten por el territorio nacional y puedan obtener un empleo.

Rehúyen la cercanía de los otros y rechazan ser retratados o grabados, inclusive si el material es únicamente voz. Temen que cualquier incidencia pueda comprometer la obtención de los documentos para poder buscar trabajo, que es la prioridad, especialmente, de los hombres.

Foto: Fátima Paz

No obstante, uno decide charlar. Entre español, francés, portugués y neologismos, relata un poquito de su travesía.

Arriba a México con esposa y un hijo pequeño. Mil 200 pesos le costó el traslado a Ciudad de México, y otro tanto a Morelia, y batalla por tener 100 pesos para acudir a la sede del INM.

“No hay plata, no hay nada”, dice, y extiende sus grandes manos vacías, para demostrar que, en efecto, no hay nada en ellas.

Galletas, sopa instantánea, algunos dulces y por supuesto “esa comida de tu país”, “tacos?”, “sí, tacos, esos”, constituyen la dieta básica de las familias migrantes que esperan en la TAM.

Ni soñar con carne, pollo, quesos, verdura, pescados… de cualquier modo, tampoco tienen dónde preparar alimentos.

A la hora de la charla, hace calor. Mucho calor. Pero, por las mañanas y noches, el frío se deja sentir “fuerte, fuerte”. Y, en combinación con el estrés de un largo viaje y la mala alimentación, ya deja estragos en la salud, sobre todo, de los más pequeños, que exhiben signos de catarro.

“Aquí no hay nada”, explica.

La idea era llegar a Estados Unidos, aunque es más fácil soñarlo que hacerlo. Ante las dificultades, los migrantes no dudan colocarse en algún empleo que les permita mantenerse, quedarse en México, quedarse en Morelia.

Foto: Fátima Paz

Y es que, además, le gusta el país. No es racista su gente, es amable y los saludan cuando entran y salen de la terminal de autobuses. El único problema es la plata.

La búsqueda se puede volver un círculo vicioso. No hay plata, porque no hay trabajo. No hay trabajo, porque las familias no tienen casa. Y no hay casa porque no hay plata con qué pagarla.

Por eso es importante conseguir los 100 pesos que cobra el taxi para ir a la sede del INM, donde, como en la TAM, las familias de migrantes esperan la resolución de los documentos que harían un poco menos penoso su paso por México.

Sueñan con un futuro, sentados en las banquetas, con sus niños y sus pocas pertenencias, esperan.

Deja un comentario