Aguililla, libre tras meses con carreteras secuestradas

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Aguililla, Michoacán

Luego de tres meses, se rehabilitaron las vías de comunicación en Aguililla, tierra de enfrentamiento entre dos grupos delincuenciales que se disputan la plaza.

A 250 kilómetros de la capital michoacana, Aguililla ha sido epicentro de balaceras, viviendo casi en Estado de Excepción; los pobladores sufrían la falta de insumos, no les llegan los víveres suficientes, el único cajero, sin dinero. Estaban secuestrados por la violencia.

Previo a la rehabilitación carretera, los lugareños que querían ir a Apatzingán rodeaban la sierra de Aguililla y en lugar de conducir una hora y 50 minutos, destinaban seis horas para arribar al municipio vecino.

Como producto de la situación de inestabilidad e inseguridad, la comunidad vive en un ciclo de robo de vehículos, homicidios, robo de mercancías y ataque a las vías generales de comunicación, pero al quedar restablecidas las vías de comunicación, las autoridades estatales son optimistas de que la situación mejorará.

Entrar a la boca del lobo

Por la carretera Apatzingán-Aguililla, circula la camioneta de prensa a velocidad media y por la izquierda rebasa un halcón. Las motocicletas sobre la carretera, siguiendo dos patrullas, la prensa va directo a la boca del lobo.

La carretera, adornada por baches.

Cenobio Moreno, Pinzándari, Catalinas o Francisco Villa y El Terrero, poblaciones que observan con recelo a las camionetas con vidrios polarizados, mismas que son guiadas por dos camionetas de la Policía Michoacán.

La carretera, adjunta a las huertas de limón.

En la desviación Aguililla y Dos Peñas, los retenes de policías se hacen más presentes, en la entrada a El Aguaje se observa el primer corte carretero.

Los grupos delincuenciales hicieron surcos en la carretera, nadie entraba ni salía.

Más adelante, una camión blindado, quemado, con casquillos y balas de alto calibre.

“Estaba atravesado en la carretera, con una grúa lo arrastramos para quitarlo del camino”, narró un policía a la prensa local.

Cien metros adelante, tráileres quemados, acero fundido sobre el asfalto.

El Aguaje, todo cerrado, el representante perfecto del pueblo fantasma. Pocos lugareños, casas baleadas.

La camioneta sigue su curso y llega a Palo Alto, pasa El Limón, El Rodeo, El Platanillo, La Cabra.

La carretera, ya no se rodea de limoneros. Huizaches y tierras áridas.

“Preocúpate cuando dejes de ver limones”, bromea el vice presidente de Changoonga, mientras las y los pasajeros sonreíamos alegremente.

Una hora de curvas, subir la sierra y una parvada de zopilotes bailan en el aire, dicen que en la zona avientan cuerpos sin vida en los cerros.

Aguillla. 14:05.

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