Joven cubano sin piernas sube a lo alto de los cocoteros

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La Habana, Cuba

La singular historia de Reibel Aramís Bacallao Aguilar debe llamar a la reflexión a más de una persona, en particular, a aquellas que fracasan en sus proyectos por temor a tocar las puertas y mover un poco la osamenta. Este singular cubano de 23 años de edad, lleno de arrojo, optimismo y fuerza, pierde ambas piernas en un desafortunado accidente hace 8 años, pero hoy continúa viviendo con normalidad y hasta se sube a los cocoteros y hace otras barbaridades sin demasiados problemas.

Según cuenta Yahily Hernández Porto en una entrevista publicada por el periódico Juventud Rebelde, cuando Reibel tenía 15 años trata de abordar un tren con destino a Manzanillo, junto a su tío Alexander, pero se resbala y sus piernas quedaron aplastadas sobre los raíles.

Entonces El Rubio, como también es conocido en el pueblo, pierde media vida, aunque con el resto hará maravillas. Es como si hubiera vuelto a nacer y, actualmente, sigue viviendo feliz con su familia en Callejón Peña, en la provincia de Camaguey, donde a cada rato implanta récords de velocidad y agilidad en su silla de ruedas.

“Cuando regresé a mi casa, luego de una larga estadía en el hospital pediátrico, tuve que adaptarme a la silla de rueda, lo que fue algo difícil, porque soy algo intranquilo e imprudente. No he podido soportar las prótesis para las piernas que he poseído y raramente las uso. Me encanta jugar baloncesto y pelota con los amigos del barrio, pues sigo bateando bien… Además, y ya más formal, soy miembro de la preselección del equipo nacional de tenis de campo en el área de limitados físicos-motores”.  

A pesar de sus carencias, Reibel presume de ser un joven independiente, tanto en lo personal como en lo económico. Cobra una chequera, sin embargo hace cualquier cosa para mantenerse activo: lo mismo ayuda en la construcción de un techo de placa que cementa un muro o transporta arena de un lado a otro.

“Bueno, lo de tumbar cocos surgió de un reto que me hicieron mis primos pensando que no lo lograría (RIE). La primera vez que lo hicimos, el que alcanzó la cima del cocotero fui yo y ellos tuvieron que quedarse en el suelo grabando el video. Me sujeté fuertemente con los tramos que aún conservo de mis extremidades inferiores y me fui impulsando con la fuerza de mis brazos. Hemos hecho esta escalada ya varias veces. No sé si esto será una hazaña”.

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