México ya se está reabriendo, y Morón recién piensa en cerrar Morelia

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OPINIÓN

Por María Pilar Rojas

El Ayuntamiento de Morelia decidió cerrar la Plaza Melchor Ocampo y la Plaza Benito Juárez, en el corazón del Centro Histórico de la ciudad, ahora sí con barreras y no con las cintas que todo el mundo arrancaba, cuando nos encontramos ya en el día 77 de la pandemia de COVID-19 en México, después de que durante semanas muchos ciudadanos insistieron en congregarse en este lugar, convirtiéndolo en un foco de contagio.

El presidente municipal de Morelia, Raúl Morón Orozco, optó por desconocer el Decreto de Aislamiento Obligatorio impuesto desde el 20 de abril por el Poder Ejecutivo de Michoacán para proteger la salud de las personas, a pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha ratificado que, como lo indica la Constitución Mexicana, la máxima autoridad sanitaria en cada entidad es el gobernador del estado.

Inclusive el edil fue uno de los morenistas que impulsó los amparos para invalidar el decreto de confinamiento, argumentando una supuesta inconstitucionalidad, pero los tribunales federales echaron abajo sus intenciones y dejaron en claro que las medidas dictadas por el Gobierno del Estado son para la seguridad y el resguardo de la vida de todos, y que nadie puede abstraerse de las obligaciones emanadas de éstas, empezando por los administradores de cada gobierno municipal.

Mientras tanto, los mensajes contradictorios por parte de los distintos niveles de gobierno causaron que muchos ciudadanos de esta capital cayeran en la desobediencia, y permanecieran saliendo a la calle sin justificación suficiente e incluso haciendo fiestas en la vía pública, lo que complicó la labor de contención de la Policía Michoacán, toda vez que la Policía de Morelia recibió órdenes de no apoyar a los agentes estatales en el aseguramiento del cumplimiento del aislamiento obligatorio.

Eso sí, la mano dura del Ayuntamiento de Morelia fue contra los comerciantes del Centro Histórico, que fueron pobremente informados sobre si tenían autorización de seguir operando o no, y fueron objeto de fuertes multas que complican aún más su situación por tener que cerrar sus puertas por meses hasta que termine la pandemia, amenazando la supervivencia de sus familias.

Más allá de ello, lo que sí brilló por su ausencia fue la voluntad política de establecer acciones a favor de las familias morelianas más afectadas por la contingencia, así como de las mínimas medidas de prevención para evitar la diseminación indiscriminada del virus que amenaza al mundo entero.

Además, su Dirección de Comunicación Social, como es su costumbre, desde el inicio de la epidemia se ha dedicado a tramar estrategias políticas para desestabilizar a sus adversarios, en vez de dedicar sus esfuerzos a informar a la población moreliana de la gravedad del virus, de las maneras de prevenirlo, de cómo actúa la infección y de qué población está en alto riesgo. Esta dependencia existe con la única función de informar y habilitar a la población, pero ni una sola campaña desplegó para facultar de herramientas a los morelianos para enfrentar al COVID-19, y con ello protegerlos.

Así, cuando el Gobierno Federal ya está pensando en retornar a las actividades laborales, el Gobierno de Morelia recién comienza a pensar en resguardar a la población, evitando las aglomeraciones en un centro de la ciudad donde los transeúntes han venido haciendo lo que se les viene en gana.

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