A enfrentar con fe y esperanza esta pandemia, llama arzobispo de Morelia

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Morelia, Michoacán – Melissa García

El servicio sacerdotal es capaz de nutrir la esperanza, de contener la angustia y reducir los miedos, esa es la vocación que debe fortalecerse ante la pandemia del coronavirus. La Iglesia Católica está ante el desafiante llamado de volver a su origen, solidario, esperanzador.

Así lo expresó Carlos Garfias Merlos, arzobispo de la Arquidiócesis de Morelia durante la homilía celebrada este 8 de abril por la misa Crismal, en la que se bendicen los Santos Oleos.

Foto: cortesía

Ante la “tormenta” que se vive, el obispo invitó a los feligreses a desempolvar la solidaridad y la esperanza, así como a ser capaces de ofrecer solidez y contención para quienes todo les parece un abismo.

“Los sacerdotes en este tiempo de cuarentena pueden pasar por distintos momentos y estados emocionales: estrés, ansiedad, soledad, frustración, aburrimiento, enfado, sentimiento del miedo y desesperanza, pero este tiempo no es un tiempo desocupado, de huir, de dispersarse, de desentendimiento humano, espiritual y pastoral, sino de unificar el corazón y los sentimientos para cuidarnos y servir mejor al pueblo de Dios”, resaltó.

En estos momentos históricos, fieles, comunidades, así como los propios presbíteros tienen la necesidad de acercarse a Dios, al misericordioso Jesucristo que haciéndose de carne y hueso, “nos amo hasta morir por nosotros”.

Foto: cortesía

“Esté Dios tiene que vivir en nosotros y nosotros en él”, externó monseñor refiriéndose a la clase sacerdotal que debe, sin duda, ser fraternal y solidaria, añadió.

La contingencia sanitaria debe vivirse enriqueciendo al sacerdocio, pidiendo a Dios que “nos apasionemos por un mundo lleno de esperanza, donde seamos una alternativa para vivir la paz y la justicia, la fraternidad y la solidaridad”.

En medio de esta realidad que estamos viviendo del COVID-19, manifestó, así como de tantos otros males que aquejan a la civilización, el sacerdocio debe sumar y poner al servicio de la vida, el amor por sobre el odio.

“Que nuestras manos sacerdotales elevadas al cielo así como transforman el pan y el vino, y el cuerpo y la sangre del señor, sigan elevados para que sigan siendo un oasis en donde nuestros fieles encuentren la bendición y el señor de la vida”, manifestó.