Ni modo que el presidente Andrés Manuel López Obrador vaya a decir que no a la propuesta de diseñar y echar andar un plan de desarrollo para Michoacán y Guerrero, si desde la cancelación de la Zona Económica Especial (ZEE) no ha dicho cuál es su propuesta de inversión, crecimiento económico y generación de empleos en estas entidades.

Es más, y habrá que hacerlo notar: Michoacán ha estado ausente de todos los grandes proyectos económicos anunciados por el mandatario para impulsar durante su sexenio.

¿Se va a negar, entonces, a la propuesta que ayer le presentaron los gobernadores Silvano Aureoles y Héctor Astudillo? Creemos que no; menos, porque se trata de una estrategia acompañada por la firma de representantes de todos los sectores (incluyendo el religioso) y filiaciones partidistas de ambas entidades.

No debería. Michoacán y Guerrero son dos de las entidades más golpeadas en los últimos años por la inseguridad y la violencia, sin duda aparejadas de la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades que registran municipios y amplias regiones de este lado del Pacífico.

Cabe la observación, obligada ante los últimos acontecimientos: es mil veces mejor apostar por una estrategia como la planteada este lunes por Aureoles y Astudillo, que mandar al subsecretario Ricardo Peralta a “negociar” con grupos armados “pequeños proyectos agropecuarios locales”, que quedarían -según alertó el gobernador michoacano- bajo el control de los líderes de esos grupos, empoderados por la propia Federación.

Por todo ello, pues, López Obrador no puede decir que no a la propuesta que le lanzaron desde Michoacán y Guerrero. Veámoslo casi como una deuda del líder de la cuatroté con estas dos entidades. Prácticamente, una doble deuda. Ni más ni menos.

Y no es por otra cosa, pero ya es momento para que el presidente empiece a hacer realidad tanta promesa, mensaje, anuncio y decreto; que no se quede -como observan algunos consultores- en la presentación cada mañana de un sin fin de hechos que no se pueden comprobar, en el mejor de los casos, o que son falsos, en el peor.

Una oportunidad la tiene a partir de una mayor conexión con los gobernadores y los sectores productivos y sociales de cada entidad, escuchando a todos, no sólo jugando a ser el intérprete y vocero de lo que él mismo llama “pueblo bueno”.

Tiene la palabra López Obrador; la propuesta de Michoacán y Guerrero ya está en su escritorio.

Ni modo que vaya a decir que no, si se trata de ir a la raíz de los problemas y encontrar soluciones duraderas, integrales… no paliativos ni planes clientelares, que de esos conocemos mucho.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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