Temblaron en Morena. Los cabellos se les pusieron de punta; algunos sudaron frío, y no faltó a quien la piel se le enchinó. Si se portan mal, Andrés Manuel López Obrador los abandonará, renegará de ellas y de ellos, y hasta el nombre les quitará. No permitirá que lo manchen los corruptos, ambiciosos, vulgares politiqueros.
Voltearon a verse. Buscaron un espejo. Se miraron: un escalofrío recorrió sus cuerpos. AMLO, el dador de todos los cargos, se refería a ellas y a ellos. Amenaza con dejarlos si se portan mal, si se vuelven una rémora de la cuarta transformación.
No es cuento. No es una pesadilla. Es la verdad: el presidente no está nadita contento con quienes andan por ahí presumiendo de muy morenos, nomás con la ansia loca de alcanzar una candidatura en 2021 o un cargo en el partido.
Por eso el enojo y la advertencia, casi amenaza: si echan a perder el partido, yo renunciaría y les pediría que se quitaran el nombre… no quiero que manchen el nombre de Morena.
Fue en la mañanera del jueves 28 de agosto de 2019. Día que todas y todos en ese partido recordarán. Bueno, más vale que no se les olvide.
No se manchen (con sus ambiciones y vulgaridades políticas) ni manchen a Morena. Oigan, escuchen: no hay cargo sin AMLO, y fin cargo no hay vida… ¿o cómo va? Bueno, ya saben, mejor pórtense bien.
Y vuelvan a su color: López Obrador no los dejará de aquí al 21. Después, quién sabe. Vamos a ver papeles y papelones. Los resultados arrojarán nuevas evaluaciones y decisiones.
Vuelvan a su lucha diaria por la candidatura y el cargo. Pero no manchen ni se manchen. Los están mirando.
¿Qué sintieron cuando se imaginaron una elección sin la mano de AMLO? Miedo, verdad.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







