Las buenas cuentas que el gobernador Silvano Aureoles ha presentado desde que inició el proceso para la federalización de la nómina del magisterio, le permitió atender con cierta rapidez la contingencia que se presentó esta quincena y gestionar una partida extraordinaria de recursos para el pago a los maestros.
El pendiente con los maestros con base estatal quedará solventado mañana y lo deseable con esta situación es que en el gobierno federal se den cuenta que para Michoacán no basta con las manifestaciones de buena voluntad y entendimiento, sino que resulta imperativo concretar en lo inmediato el traslado de la nómina y firmar el nuevo convenio de coordinación fiscal y para los servicios educativos en la entidad.
El dato no se puede soslayar para cualquier análisis que se haga, pues impacta en todos los demás sectores: el gobierno de Michoacán requiere cada mes de 600 millones de pesos sólo para el pago de los salarios de los maestros en la nómina estatal y de acuerdo a las proyecciones presupuestales anuales, hacia los últimos dos bimestres de cada año ya no hay dinero que alcance para cubrir con los el pago a los trabajadores de la educación.
No se necesita ser un erudito en administración pública para tomar nota del impacto negativo que esta situación provoca. Financiera y económicamente resulta insostenible mantener ese esquema; política y socialmente ha sido detonante de conflictos y escenarios de crisis que han polarizado y confrontado a los michoacanos.
La urgencia de modificar el esquema y aterrizar en la federalización de la nómina es reconocida así, con ese apremio, por el presidente Andrés Manuel López Obrador, el gobernador Silvano Aureoles y la dirigencia sindical. La propuesta michoacana para solucionar de fondo el problema, ha sido puesto como el “modelo nacional” para aplicar en el futuro por el titular del Ejecutivo federal.
¿Luego entonces? Se pagará a los maestros el martes, con retraso de cinco días, la primera quincena de agosto; Silvano Aureoles se la puede pasar en Ciudad de México gestionando y logrando cada fin de mes partidas extraordinarias; los secretarios de Hacienda y de Educación, tanto a nivel federal como estatal, pueden seguir haciendo malabares, pero esa no es, de ningún modo, la mejor opción, por el contrario.
Soluciones para salir al paso, sin resolver de fondo la patología crónica, terminan siempre en actos de simulación, o sea, la peor de las medicinas. Mucho más cuando el diagnóstico es claro.
Y hoy, todo lo que no signifique impulsar la federalización de la nómina de los maestros, reconociendo que se trata de un tema de urgente atención y resolución, es una simulación.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







