Pues resulta que la tan llevada y traída “coordinación” entre Federación, estados y municipios en asuntos de seguridad es eso: una mentada, una entelequia.

El problema es añejo, lamentablemente cada vez más notorio y expone no sólo incapacidades y mezquindades de la función pública, sino una muy marcada falta de voluntad política, sometida por la desconfianza.

De muchos años el problema como es, la pregunta no es quién o quiénes fueron los culpables (ojalá, más bien, un día haya la sanción política, administrativa e incluso penal que amerita), sino qué van a hacer para el futuro. Eso es lo que queremos saber las mexicanas y los mexicanos desde que la inseguridad y la violencia se convirtieron en el principal de nuestros problemas, de nuestras demandas ciudadanas.

Se advirtió mucho sobre este tema mientras se debatía sobre la creación de la Guardia Nacional: se está dando el marco legal para la participación de las fuerzas armadas en tareas de seguridad pública, pero seguimos careciendo en el país de un modelo de seguridad integral e integrado con todas las corporaciones e instituciones del Estado mexicanos, con responsabilidades claras y líneas de mando definidas.

No hay estrategia nacional contra el crimen, se dijo y se sigue diciendo. No le digan “guerra”, no la llamen “combate”, ni “lucha”. Pónganle el nombre que quieran, pero definan un plan.

Eso de los “abrazos no balazos” estuvo bueno para el meme. Pero ya, denle seriedad al tema.

Reuniones al más alto nivel van y vienen, con propuestas que se escuchan, se apuntan, se aplauden… y al final todo sigue igual.

Hay poco espacio para el optimismo y el riesgo es que el problema apunta a empeorar, como lo reconoció el gobernador Silvano Aureoles, en la reunión que integrantes de la Conago tuvieron con Alejandro Gertz Manero, titular de la Fiscalía General de la República.

“Si no articulamos una estrategia coordinada, que garantice efectividad y resultados, este año puede ser aún peor”, advirtió el mandatario michoacano.

Ahí está el problema: no existe una estrategia nacional que fortalezca el combate y la investigación de los homicidios dolosos, a pesar de que en el 80 por ciento de los casos se denuncia la portación de arma de fuego y en el 70 por ciento actividades de producción, distribución, comercialización y consumo de drogas.

Con los datos, la realidad institucional expuesta por Silvano Aureoles: No están definidos los mecanismos para el intercambio de información, con líneas de mando claras y precisas para fortalecer la coordinación institucional.

No pintan bien las cosas. Y este año no “puede ser peor”… será el peor en la historia en el registro de homicidios dolosos. Así, sin condicionantes. Como si estuviéramos en guerra.

No hace falta que lo digan. Lo que queremos saber es qué van a hacer.

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