Andrés Manuel López Obrador “es un priísta de clóset”, dijo el electo dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas al periodista Fernando del Collado (Tragaluz, 28 de julio de 2019). Así, campechano, parece ser el trato entre Alito y el Presidente de la República.
Otro ejemplo de ese trato: el 5 de junio pasado, reunidos en Palacio Nacional, AMLO, los gobernadores y la gobernadora del tricolor, entre risas y carcajadas el mandatario federal pidió a los estatales apoyar a Alito para ganar la interna del ex partidazo. Y hasta lo nombró interlocutor, puente entre ellos y la federación. (Carlos Loret, Historias de reportero, 28 de junio de 2019)
Fue público y notorio también que siendo gobernador de Campeche y presidente de la Conago, Moreno Cárdenas se convirtió en operador oficioso de López Obrador, ariete de infantería en el impulso de uno de los principales proyectos de la cuarta transformación: el Tren Maya. Y no se diga de la vehemencia para defender la iniciativa de la Guardia Nacional, por citar sólo dos episodios más del buen trato que se dispensan.
Se dirá que un gobernador no se enfrenta al presidente ni lo contradice. Menos un gobernador priísta. El culto a la figura presidencial está en su ADN. En fin. Como sea, el caso es que Alito terminó siendo “Amlito”.
Un moreno de clóset, diría de sí mismo mirándose al espejo.
Así llega Moreno Cárdenas a la presidencia del PRI. Ya se verá en el camino que tanto se cumple el pronóstico de que con él al frente el priismo recobrará protagonismo… como aliado de López Obrador.
“Seremos para el gobierno federal una oposición competitiva, asertiva, constructiva; un PRI que levantará la voz, una oposición que le sirva a México”, delineó ayer mismo al conocerse su triunfo, aplastante frente a la yucateca Ivonne Ortega y la veracruzana Lorena Piñón.
Y mandó un mensaje dirigido a lo que parece será su primera tarea: frenar la sangría partidista. Pidió a los inconformes y opositores a su naciente dirigencia, quedarse en el partido y reconciliarse. Tienen futuro, les ofreció.
¿Cuál es ese futuro? A cómo están las cosas, no se entiende el futuro priísta sin esa alianza con el lopezobradorismo y su cuarta transformación. Esa es la verdad.
¿O alguien puede imaginarse a un PRI independiente, autónomo, liderado por Alito, reconstruyéndose, formando nuevos cuadros, sacudiendo y superando estigmas, alejado de los vicios y la corrupción que a ojos de la mayoría son su marca? No, verdad. Parece un cuento.
Se va a transformar el PRI; sí, porque tampoco puede seguir siendo el mismo ni los mismos de siempre. Pero por lo pronto, necesitarán del oxígeno que se les brinde desde Palacio Nacional.
No tienen problema, ni de otra. Ni modo que se pongan exigentes.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







