Si la violencia desbordada en Uruapan no obliga a los gobiernos federal, estatal y municipal a declarar situación de máxima alerta en ese municipio y definir estrategias de seguridad en función de esa declaratoria, entonces podríamos advertir ceguera, omisión y/o evasión de la realidad. ¿Cada quien sus datos? Ojalá no se pierdan en esas discusiones y mezquindades.
Este jueves la ciudad amaneció con la siniestra imagen de 16 personas mutiladas, colgadas en los puentes o envueltas en bolsas tiradas en algún lugar, donde sea.
Enfrentamientos y ajustes de cuentas entre grupos delincuenciales, nos dirán; pero no puede seguir siendo esa la respuesta al horror, ni la línea de partida para atender y entender lo que es la principal demanda de los mexicanos: seguridad y tranquilidad.
De nada sirven ya los discursos ni los mensajes, vengan de quien vengan, en tanto no se noten resultados y en tanto no se modifiquen estrategias que, está comprobado, no han dado los resultados prometidos ni esperados.
No todo está mal, puede ser como dicen; pero es claro que no todo está bien. Conclusión inevitable: todo indica que es más lo que falla y ha fallado, que lo que ha funcionado.
Para empezar, habrá que reconocer, aceptar la realidad y la gravedad de las cosas. Luego entonces podrán definirse las nuevas estrategias, que mucho hacen falta.
No hay otros datos. Ahí están los hechos y las imágenes.
Y ni modo que lo vean al revés
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







