Con el proceso para federalizar la nómina de los maestros, el secretario de Educación de Michoacán, Alberto Frutis Solís, se confirmó como uno de los más importantes activos del gabinete del gobernador Silvano Aureoles.
Sin mayor alharaca, serio y comprometido, Frutis Solís ha entendido el rol que le toca y precisamente esa lealtad y prudencia institucional ha permitido que el proceso para el traslado de la nómina magisterial a la Federación avance a paso firme, tanto en lo político como en lo administrativo.
Se puede afirmar, incluso, que sin el orden administrativo impuesto por Frutis en la Secretaría de Educación y sin la firmeza que ha mostrado en su trato con la sección 18 de la CNTE y los normalistas, difícilmente se habría podido siquiera plantear la federalización.
Ya una vez que empezó la negociación, el secretario estaba obligado a mantener la calma y la ecuanimidad, pues tratándose de un asunto tan complejo, una mala declaración, una queja o una observación sobre el estado y conducción de la SEE habría entorpecido todo.
¡Vaya! Cualquiera que haya seguido el proceso, se habrá dado cuenta de que ha sido un curso sin sobresaltos ni contratiempos.
Ese cumplimiento de tiempos y de etapas no ha sido sólo por la voluntad política del presidente Andrés Manuel López Obrador y del gobernador Silvano Aureoles; sin el trabajo previo y la estabilidad en la dependencia, difícilmente esa voluntad habría podido ser encauzada por canales de aguas tranquilas.
Alberto Frutis, además, no se volvió loco ni se encandiló con reflectores. Tampoco se enganchó con oportunistas, chambistas y merolicos que abundan en el ambiente. Cualquier otro -la historia no se puede borrar- habría aprovechado el momento para lucrar políticamente y jalar agua para su molino.
Hay otros, todavía más locuaces, que habrían escuchado algo así como el mítico canto de las sirenas y lanzado al mar… cegados por la ambición y la mezquindad.
Frutis, en cambio, entendió su responsabilidad. En términos futbolísticos: resultó el medio de contención que, con su buen toque y firmeza, ha dado el orden y coherencia que el equipo necesitaba.
Y se convirtió así en pieza fundamental, inamovible en el esquema del gobernador.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







