Vergonzoso es el papel del michoacano Marko Cortés Mendoza en la dirección nacional del PAN. Acción Nacional, su historia, ha resultado mucha pieza para este personaje.

Le quedó muy grande el caballo, pues, ni hablar.

El papelón del PAN de Baja California y los chismes en que se enfrascó con la dirigente morenista Yeidckol Polevnsky por el caso de la intentona del gobernador electo de esa entidad, Jaime Bonilla, de ampliar su mandato de 2 a 5 años, han evidenciado la pequeñez de Cortés Mendoza, que si algo de dignidad le quedara, debería renunciar a un cargo que, definitivamente, no entiende ni sabe para qué demonios le fue encargado.

Dice Marko que desde enero pasado, Yeidckol y la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, le ofrecieron el interinato del gobierno de Puebla para alguno de los suyos, a cambio de los cinco años de Bonilla.

Según él, se negó. Si fue así, patética su versión. De un completo pusilánime.

Yeidckol le respondió: el que buscó la negociación fue el michoacano. Los cinco años de Bonilla a cambio de que Morena no se presentara a competir en Puebla en los comicios locales de junio pasado, por “cortesía” política. “Sobre mi cadáver”, le habría contestado la dirigente morenista.

Si esta es la versión correcta, lo que le sigue a lo pusilánime, se habría visto el de Zamora.

Ni su versión ni la de Polevnsky lo dejan buen parado. Y si de negociar se trató en esos encuentros, en todo caso, los panistas deberían pedirle cuentas, pues al final, ¡que curioso!, perdieron en Puebla y perdieron en Baja California, y el bonillazo está a un dictamen de la Corte de hacerse realidad, con muchos millones de dólares, según se dice, de por medio.

Ya que se le da por negociar gobiernos y votos ciudadanos. ¿Qué negoció finalmente Marko? Porque su posición en el caso bajacaliforniano, por cierto y por ejemplo, no ha sido tan firme y contundente como la del senador panista Damián Zepeda o la de los diputados morenistas Porfirio Muñoz Ledo y Tatiana Clouthier.

La pusilanimidad persiguió y ligó a Marko Cortés. Se ha convertido en su fiel compañera.

Por eso Ernesto Ruffo, el primer gobernador pianista de la historia (de Baja California, para más señas), pide ya su renuncia. Lo mismo que Juan José Rodríguez Prats. Los gobernadores del azul que lo impusieron ya ni en cuenta lo toman y de la militancia mejor ni hablar: ni lo quieren ni lo reconocen. No es el dirigente que esperaban.

Dicen muchos: con todo y a pesar de todo, “es mucho partido para tan pequeño dirigente”.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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