A hurtadillas, como mandan los cánones en las historias de truculencia y misterio, 16 diputados locales de Baja California sesionaron para validar lo que puede convertirse en el parteaguas político del nuevo grupo en el poder.

Así es: en el Congreso de aquella entidad decidieron mandar al diablo todos los reclamos y exhortos (incluido uno del Congreso de la Unión) y reafirmar lo que ya estaba pactado, que la administración del gobernador electo Jaime Bonilla se extienda de 2 a 5 años.

Dicen los más enterados que cada uno de los legisladores bajacalifornianos recibió un millón de dólares a cambio de su voto. ¿Quién compró y pagó? Todos dicen que fue el propio Bonilla, quien por cierto ni suda ni se acongoja en medio de la tormenta que desató por ambición personal.

Nadie le ha puesto un freno. El presidente Andrés Manuel López Obrador, que lo impulsó hasta la candidatura, ha sido evasivo. La última del jefe del Ejecutivo federal (en su mañanera de ayer) es de antología: “La no reelección es un tema de ideales, no de leyes”.

A cabalidad entendieron Bonilla y sus maiceados diputados el mensaje presidencial y por la noche de ese mismo día, a escondidas y en sede alterna, decidieron que no hallan entre sus ideales el respeto a la Constitución ni a sus leyes. Soberanamente mandaron a la fregada a todos: Bonilla será gobernador cinco años.

Ridículo el rol que asumió la secretaría de Gobernación en este caso: su titular, la ex ministra de la Corte Olga Sánchez Cordero, salió con una puntada: como jurista que es -dijo- condenaba el hecho, pero como “responsable de la política interior del país, estoy obligada a respetar las decisiones del Congreso” de Baja California.

Más para su vergüenza: mientras la señora Cordero se partía en dos, el subsecretario Ricardo Peralta hizo su aparición para defender la llamada “Ley Bonilla”.

La dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, sostiene desde su flanco que es el pueblo el que quiere a Bonilla gobernando cinco años, aunque haya sido elegido para un periodo de dos… y con eso de que en Morena les ha pegado por creerse los “intérpretes y voceros del pueblo”, pues el tema ya se resolvió para ellos.

Ya sólo falta callar a los berrinchudos de Porfirio Muñoz Ledo y Tatiana Clouthier.

¿La oposición? Difícilmente puede ser tomada en serio cuando sus legisladores locales en Baja California también estiraron la mano. Ahora sí que ni PAN ni PRI tienen cara para protestar.

Queda el recurso de la Corte… pero hoy por hoy el pronóstico es contundente: Ministras y ministros avalarán la ley Bonilla.

Parece todo tan planchado.

Conclusión: Baja California marcará el nuevo y verdadero rumbo del nuevo grupo en el poder.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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