Foto: archivo

Voluntad política y compromiso con un objetivo no es el problema. Tampoco, parafraseando a Silvano Aureoles, se puede acusar que los gobiernos federal y estatal se hacen patos.

La federalización de la nómina de los maestros michoacanos, va, nos volvieron a decir este fin de semana el gobernador y el presidente Andrés Manuel López Obrador. Ahora bien, ¿se firmará el nuevo acuerdo de coordinación este mismo año? Ni Aureoles ni López Obrador pusieron plazo, pero si nos atenemos a la información que se ha dado sobre el curso de las mesas de trabajo entre el gobierno de Michoacán y las secretarías de Educación y de Hacienda y los mensajes de este fin de semana, se podría decir -coloquialmente- que ese arroz ya se coció, que está listo para servirse.

Las citas culminantes de los mensajes de AMLO y Silvano Aureoles no dejan lugar a la duda del interés de ambos por hacer realidad la tan comentada federalización:

“Nos estamos poniendo de acuerdo con el gobernador para que haya una sola nómina y que se igualen, se homologuen los sueldos y las prestaciones, y que nunca le falten los sueldos a los maestros de Michoacán. Ese es el plan que viene. Se va aplicar en todo el país, pero el modelo va a estar en Michoacán; aquí vamos a comenzar”, apuntó el Ejecutivo federal.

“Este será un cambio de la tierra al cielo para Michoacán… y lo vamos a reconocer siempre y para toda la vida”, expuso el Ejecutivo michoacano.

De ese tamaño y trascendencia el nuevo acuerdo. Modelo que será nacional y con impacto positivo para las futuras generaciones.

¿Que falta entonces? Apuntemos dos temas de los que se habla, pero poco se abunda, al menos en público, y que seguramente deberán aclararse: primero, el déficit financiero que se arrastra por decisiones en el pasado. Silvano expuso que “tres administraciones anteriores” a la suya, una se endeudó con 9 mil millones de pesos, otra con 7 mil y la tercera con 6 mil, sin tener el soporte financiero para hacer el pago correspondiente.

Segundo: el padrón de los maestros en el estado y la muy probable existencia de plazas fantasmas y de aviadores en el sector.

Porque ni modo que surja un acuerdo “modelo nacional”, que signifique un cambio “de la tierra al cielo”, sobre la base del desorden, la simulación, la corrupción (venta y asignación política de plazas), desvíos presupuestales y añejas y fraudulentas complicidades.

Todo lo demás, diría el líder de la cuarta transformación, es papita.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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