El video que se difundió este jueves en el que se observa al secretario del Ayuntamiento de Morelia, Humberto Arróniz, departiendo con otra empleada municipal en probable estado de ebriedad (las botellas de tequila y de brandy en la mesa así lo sugieren), debería ser suficiente motivo para que el alcalde Raúl Morón ordenara una investigación sobre la conducta de Arróniz e incluso lo separara del cargo, al menos temporalmente.

La pregunta que plantea la evidencia es clarísima: ¿incurrió Arróniz en acoso laboral, en hostigamiento y presiones sobre una empleada municipal, subalterna suya? A partir de ahí debe investigarse al secretario y deslindar responsabilidades.

Perdón y con la pena: no se trata de un asunto menor, anecdótico; tampoco es, como quieren insinuar algunos, de un escándalo propio de una “sociedad con doble moral” o de fijar “posturas moralistas machistas o sexistas”. Resulta deleznable, más bien, que con esas excusas se pretenda desviar la atención del fondo del problema que se plantea.

Eso se llama simulación. Porque Arróniz es funcionario público, devenga un salario del erario y tiene responsabilidades y obligaciones legales y éticas. Se trata, además, del funcionario con el segundo cargo en importancia dentro de la estructura del municipio. Ese es el punto.

No estamos hablando aquí de la vida íntima de un ciudadano. No se engañen ni pretendan engañar: estamos ante hechos públicos de un servidor público.

Y de un tema, además, que es prioritario en la agenda nacional y que ocupa la atención de todas y de todos: el acoso laboral y el hostigamiento contra las mujeres. ¿O de qué se trata? ¿Cuándo sí y cuándo no?

El alcalde Morón tiene la palabra. Más aún, porque está al frente de un grupo político que en el estado representa al gobierno de la llamada cuarta transformación… sí, de la transformación de la vida pública en el país.

Ahí queda, pues, la exigencia: que se investigue. Punto. Porque no, no es un asunto menor. No se engañen ni quieran engañar.

Tampoco se valen las patrañas ni esconderse en la estulticia al grito de “¡es guerra sucia, es guerra sucia!”.

En todo caso que le pregunten a Arróniz. Y lo investiguen.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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