Con el liderazgo político que le reconocen, y con lenguaje directo, sin medias tintas ni rodeos, Silvano Aureoles dio ayer el banderazo de salida a los perredistas michoacanos para organizarse y desde ahora construir las estructura partidista para contender en los comicios de 2021. Y un gran objetivo: ganar el gobierno del estado.

Se puso a la cabeza del proyecto político-electoral, como debía ser, sin evadir responsabilidades. Clarito: en gran parte, el resultado del 21 tendrá que ver con la evaluación que hagan de su gobierno; por eso, “a cerrar fuerte”, ofreció a sus correligionarios y advirtió a sus colaboradores en el gobierno. Sí, porque el que “no jale parejo”, quien no entienda de qué se trata o nomás ande de farol, se irá.

Y como bien sabe que hay muchos faroles, pidió ayudarles… ayudarles a que se vayan del partido. Que nadie se quede por obligación, ni por conveniencia, ni por lambisconería, ni por el interés de un cargo y mucho menos porque no les queda de otra. Clarito, pues.

Fue el mensaje en el día en que Juan Bernardo Corona relevó a Antonio Soto Sánchez en la dirigencia estatal del PRD. Pero en buena lectura política del acontecimiento, más que el relevo, la nota lo que es la nota la puso el gobernador, más perredista que nunca y echado pa’delante en la arenga de los suyos.

Que nadie diga que no fue avisado. Que nadie se sorprenda: Silvano Aureoles da la cara y se pone a la cabeza del proyecto político del PRD y de la estructura electoral que se erigirá, con el propósito de ganar la mayoría en Michoacán, claro, pero con la idea de repuntar a escala nacional.

Fue un mensaje perfectamente estructurado, pausado pero contundente. Directo. Muy clarito, incluso para los que dudan, dentro y fuera del partido: el PRD seguirá siendo el PRD, sin cambiar de nombre, y hacia finales de este año habrá de celebrarse el “congreso nacional fundacional”, con nuevos estatutos de lo que será el renovado partido.

Optimista pareció también el mensaje. ¿Pensado para la arenga? ¿Trabajado y estructurado para fines mediáticos? Puede ser que sí y no tendría nada de extraordinario.

Pero quienes han hablado en privado con el gobernador y abordado el proyecto 2021, dicen que el optimismo es real, fundamentado, no una pose. Lo mueve -nos dicen- un optimismo por convicción; es decir, no impulsa a Silvano un ánimo voluntarioso, sino el trabajo, la organización y el convencimiento de lo que cree.

Esa convicción es su gran ventaja: no tiene dudas de los avances en su gobierno e incluso, presume cómo en el gabinete de la llamada cuarta transformación se han quedado sorprendidos por los resultados y organización que les ha reportado en sectores tan sensibles como son salud y educación; también en seguridad e inversión e infraestructura social.

En pocas palabras: no se ve presionado ante el gobierno de Andrés Manuel López Obrador, al que además ha entregado informes muy precisos, comprobables, de quiénes fueron los responsables, por ejemplo, del desorden financiero provocado por las relaciones y tensiones con el sindicato magisterial.

Conclusión: si Silvano dice que sabe que sabe que el resultado de los comicios del 21 dependerá de cómo evalúen los michoacanos su gobierno, sabe porqué lo dice. Ni se esconde ni se asusta.

Por eso convence su liderazgo, comentan en su entorno. Habrá que creerles y habrá que ver si trabajan a la altura, entonces.

Porque ayer fue el banderazo de salida. Clarito el mensaje.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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