Si en el Zócalo el pasado lunes, Andrés Manuel López Obrador rindió un informe de gobierno, hay algo muy claro en lo que viene como parte de la estrategia contra la delincuencia organizada y el papel de la Guardia Nacional, por lo pronto: se acabaron los operativos tipo los que hemos visto desde 2006 y por ende se evitarán los choques frontales entre la nueva corporación y presuntos delincuentes.

Se acabó “la guerra de exterminio contra la llamada delincuencia organizada”, anunció el lunes el presidente de la República. Y más: no habrá más “razias, ni masacres ni desaparición de personas”.

Al menos una pista segura, a seguir, de lo que será el papel de la Guardia Nacional: se acabaron las balaceras, las persecuciones. Se entiende que López Obrador quiere desterrar, arrancar por completo, la percepción de que México es un país en guerra.

Para completar la idea, en la mañanera del día siguiente, desde Palacio Nacional un mensaje a los delincuentes: “ya no hagan sufrir a sus mamás, ¡ya, pórtense bien! Ya chole con tanta violencia”.

Pareciera una ocurrencia del presidente; pero no, tiene fondo y su significado y contundencia se suma al contenido de su estrategia: no más operativos de fuerza; no más combatir el fuego con el fuego. Por ahí va.

También por eso su aceptación: revertir la tendencia de homicidios llevará tiempo… en espera, por supuesto también, de que las organizaciones criminales se “adapten” a las nuevas “reglas del juego”. Así, como se oye.

Ahora la pregunta: ¿funcionará de esa manera? Seguros estamos que la mayoría de las mexicanas y mexicanos quieren que sí.

Porque por ahí conduce la pista, la más clara que tenemos sobre la estrategia general que desplegará la Guardia Nacional.

Y si fue parte del informe de López Obrador al pueblo de México, habrá que darla por buena. ¿O cómo?

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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