Y dale con la necedad de hacer de las elecciones intermedias del 2021 un amañado refrendo presidencial para que, descaradamente y sin controles, Andrés Manuel López Obrador encabece las campañas electorales de los candidatos de su partido Morena. ¿No tendrá otra cosa mejor que hacer el presidente de México?

Así es. Los senadores del partido en el gobierno buscarán que la revocación de mandato vuelva a ser tema del análisis en el periodo extraordinario de sesiones que arranca mañana. En una de esas convencen a alguno(s) de la oposición y reúnen los votos que les hacen falta en la cámara alta para sacar adelante esa reforma constitucional que, por lo visto, es prioridad para los guindas.

¿Lo creen posible? ¿Puro cálculo o es tanteo? ¿Lo negocian y lo cocinan aparte? Uno pensaría que se trata de una iniciativa que nomás nunca pasará y que los partidos de oposición se mantendrán firmes, en bloque, para detenerla. Uno lo pensaría así, pero…

Pero es tal la necedad -y tal parece que es también necesidad- de Palacio Nacional en la mentada iniciativa que, como si no hubiera otras urgencias que atender, mandaran otra vez a la carga a sus senadores a tratar de hacerlo realidad: López Obrador seguirá en campaña, polarizando (que disfruta hacerlo, según ha dicho), confrontando, dividiendo al país, repartiendo subsidios, arrinconando a los opositores… ¡vivan las campañas de la cuarta transformación!

Inquietante necedad. Porque a ella se suma el proyecto legislativo de reforma electoral que ya elaboran los “genios de la 4T” para, en los hechos y de hecho, desaparecer al Instituto Nacional Electoral (INE) y que de sus desechos surja un ente organizador (el que organiza, cuenta, el que cuenta reparte y saca la mejor parte) de elecciones al servicio del gobierno y de su partido. ¿Qué no eso se llama fraude? Ah, no, ¿no dicen que no son iguales ni lo mismo? Es pregunta, porque se parecen tanto.

Preocupante necesidad la de Morena y su líder: comicios organizados a su modo, con sus reglas, bajo sus condiciones. La ambición por el poder.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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