Nada de nada. Se cumplió una semana del acuerdo migratorio que aceptó el gobierno de Andrés Manuel López Obrador para librar las amenazas arancelarias de Donald Trump, y los mexicanos seguimos a la espera de que nos informen cuánto va a costar convertir a México en obligado país de asilo para los centroamericanos y de dónde van a salir los recursos; a cuántos inmigrantes de otros países se les puede dar trabajo, educación y salud, y cuál es la estrategia para evitar que el fenómeno migratorio rebase (todavía más) a las autoridades supuestamente encargadas de atenderlo y no se convierta en otro dolor de cabeza, que agrave la crisis de inseguridad y de violencia.
Nada de nada. De un lado, seguimos en las lamentaciones: que si el “grandulón y ventajoso” de Trump se agandalló con Andrés Manuel, que si éste fue sumiso y se mostró obsequioso con el “grandulón”… por otro, que si la cuarta transformación se fracturó por culpa de un Porfirio Múñoz Ledo claridoso y criticón, que si debe haber cambios en el gabinete; y bueno, hasta que si el canciller Marcelo Ebrard ya es el más firme aspirante a la sucesión del 24.
En el colmo de la desinformación, al presidente López Obrador le da por el sermón bíblico (otra vez) y nos pone en el predicamento de que habremos que multiplicar los panes, porque “donde come uno, come un millón”. No, pues sí, ya la hicimos. ¡Bravo! Ya sabemos cómo será México un país de asilo (primero o tercero es lo de menos, lo que sí no podemos afirmar es que será seguro, tampoco seamos pretensiosos ni mentirosos).
¿Falta de seriedad? Sí, también falta de seriedad. O cómo se puede llamar eso de que con “la venta” del avión presidencial habrá dinero para atender la crisis migratoria que, ¡ojo eh!, no será de uno o dos meses. Se trata de un problema que llegó para quedarse. Pero bueno, ¿de dónde sacan que con la venta del mentado avión, se podrá hacer frente a la situación? Para empezar: ¡ni siquiera se ha vendido!
Se cumplió una semana, pues, y nada de nada. Seguimos sin saber nada. En Palacio Nacional creen que con verbo, simulaciones, hartas verdades a medias y cuentos sobre el mundo idílico de la cuarta transformación es suficiente, porque suficiente es (para ellos) mantener en alto la popularidad del líder. Hasta ahora les ha bastado.
Pero volvamos a las preguntas todavía sin responder en México… ¿o tendremos que esperar a que míster Trump nos las aclare?
Quizás este martes, cuando empiece su campaña para la reelección. Y por cierto, ¿ya previeron que es muy probable, altísimamente probable que se reelija?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







