Mucho escándalo generó la carta que redactó el abogado Javier Coello Trejo y firmó el ex director de Pemex, Emilio Lozoya Austin, en la que éste ofrece dar nombres y detalles de cuanto ocurrió mientras tuvo a su cargo la conducción de la petrolera, incluyendo la fraudulenta relación con AHMSA en la adquisición de Fertinal.
Se entiende y se especula que ya abierta la cloaca, el perseguido ex funcionario federal soltará toda la sopa sobre sus tratos con Odebrecht y los supuestos sobornos que habría recibido durante la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, de la que fue coordinador de vinculación internacional.
Peña y su ex secretario de Hacienda, Luis Videgaray, al banquillo de los acusados, prevén los especuladores. Quisieran.
Otros ven en la carta firmada por Lozoya Austin una oferta a la Fiscalía General de la República (FGR) y al gobierno de Andrés Manuel López Obrador para convertirse en algo así como un testigo protegido VIP para, con sus revelaciones, integrar pesadas carpetas de investigación contra el ex presidente y, ya de perdis, Videgaray.
¿Será el ahora playboy mexiquense el primer ex mandatario llevado a juicio?, preguntan.
Pero nada de eso ocurrirá. El capítulo Peña y la probable corrupción en su sexenio está cerrado para el gobierno de la llamada cuarta transformación. Así lo decretó el propio Andrés Manuel López Obrador. Lo ha cumplido y lo va a cumplir: nada contra Peña.
¿Pacto de impunidad? Imposible saberlo y una necedad hablar de esos pactos; lo que sí es cierto es que el presidente así lo decidió. Y se sabe que es hombre de convicciones y que difícilmente cambia de parecer. No hay que buscarle mucho. Por ahí va.
Pero además, y lo más importante, no es este el mejor momento político como para pensar que en Palacio Nacional tengan la intención de sepultar al PRI, que eso significaría llevar a juicio a Peña Nieto. Si tampoco comen fuego. Ni unos ni otros.
¿Qué lectura habrá que darle a la carta de Lozoya, entonces? Busca pactos, desde luego, pero no para aclarar gran cosa ni echar por delante su flamígero ‘yo acuso’; tampoco es su intención ni la del abogado Coello Trejo dinamitar el sistema político del que forman parte. Ni es su intención convertirse en feroces coadyuvantes en el combate a la impunidad.
Sí quieren garantías, eso sí. E interlocución política. ¿Para qué? Sólo ellos saben.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







