El acuerdo migratorio y de seguridad en las fronteras que alcanzaron los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump es importante en tanto sirvió para detener la amenaza del jefe de la Casa Blanca de aplicar aranceles extraordinarios del 5 por ciento a todos los productos mexicanos que se exportan a Estados Unidos.
En tal sentido, se trata de un acuerdo necesario por obligación, que se suscribió, literalmente, porque no había de otra para el gobierno mexicano: o aceptaba las condiciones impuestas por la administración Trump o abría las puertas a una crisis económica con repercusiones incalculables, sobre todo porque las tarifas arancelarias aumentarían progresivamente, hasta llegar al 25 por ciento en octubre.
Fue una negociación, pues, en la que la delegación mexicana estaba condenada a ceder de principio a fin, con una sola misión y objetivo en la mesa: evitar el arancelazo. Lo logró y por ello es es el mejor acuerdo posible.
En términos futbolísticos podríamos resumirlo así: el equipo tricolor recibió dos goles en los primeros minutos y el resto del partido jugó a no ser goleado.
Nadie, además, absolutamente nadie en su sano juicio, apostó por entrar a una guerra comercial con Estados Unidos. Hubiera sido una locura, dada la asimetría entre una y otra economía.
Hasta ahí todos estamos de acuerdo y, sin duda, aplaudimos la noticia cuando se anunció que no se aplicarían la tarifas arancelarias extraordinarias.
¿A cambio de qué modificó Trump su postura? Hay que decirlo también, como es: a cambio de que el gobierno de López Obrador aceptará todas sus exigencias en materia migratoria.
Las más importantes: frenar los flujos migratorios, sellando la frontera con Guatemala y recibir y dar asilo (salud, educación y trabajo) a todos los centroamericanos que no hayan sido aceptados en Estados Unidos.
Sin dar más vueltas, al grano: Trump se impuso y con sus presiones, amenazas y jugando rudo, obligó a López Obrador a aceptar que México se convierta, de facto, en el “tercer país seguro”, reteniendo en su territorio a los migrantes centroamericanos… que Estados Unidos no quiere. ¿A cuántos y por cuánto tiempo? Eso todavía no lo sabemos.
Como tampoco lo que implicará para nuestro país en términos presupuestales y de seguridad. “Pequeños detalles” a los que se les ha sacado el bulto, pero que ahí están esperando ser atendidos una vez que pase la cruda del mitin de la dignidad y del hermanamiento con los estadounidenses.
¡Ah! Porque para eso sí somos re’buenos. Otra vez en términos futbolísticos: si hubiera un campeonato mundial de aficiones y porras, México siempre pelearía los primeros lugares.
En resumen: No hubo arancelazo, tampoco hay héroes. Sí heridos y son de este lado
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







