En menos de 48 horas, entre jueves y sábado, el presidente Andrés Manuel López Obrador cambió su discurso frente a Donald Trump. De la firmeza con la que el jueves 30 de mayo respondió a la amenaza trumpiana pasó el fin de semana al empalagoso e infructuoso “amor y paz” con el empresario neoyorquino, al que incluso considera “mi amigo”.

¿Cómo y cuándo surgió esa “amistad” entre AMLO y Trump? Vaya vaya, sólo el tabasqueño sabe, tanto que la quiere “seguir manteniendo”.

Pero su “amigo Donald” no sabe ni quiere saber nada de recaditos ni de mensajitos ni de enviados alcahuetes a Washington. Y así le fue al “amigo Andrés”: hechos, no más palabras, le espetó el estadounidense al mexicano.

¡Muy bonita amistad! (Andrés el bueno y Donald el malo, ¡algo así le parece?) En fin. Vayamos mejor al punto que debe ocuparnos y preocuparnos.

Dejémonos de absurdos y de falsas discusiones: no hay a la vista estrategias claras para solucionar al corto plazo los problemas que representan la migración y el tráfico de estupefacientes. No las hay. Mucho menos a satisfacción del presidente estadounidense Donald Trump.

También seamos claros: el discurso por el que optó el fin de semana Andrés Manuel López Obrador no conmueven a nadie. A nadie. Mucho menos a Trump.

Así las cosas, no hay que confundirnos. El canciller Marcelo Ebrard y el resto de funcionarios mexicanos que lo acompañan en Washington, no van a negociar políticas arancelarias entre México y Estados Unidos; no es ese el punto. Van a intentar convencer a quienes los reciban representando a la Casa Blanca (se dice que serán el secretario de Estado Mike Pompeo y Jared Kushner, yerno de Trump) qué hay un futuro mejor para todos… cuando se generen condiciones de desarrollo económico y estabilidad social en nuestro país y en Centroamérica.

No hay más que ofrecer. Podrán ponerle nombre a los planes y programas, identificar las áreas de oportunidades y las prioridades, establecer plazos y firmar compromisos. Lo que quieran. Pero todo es a largo plazo. En síntesis: imposible satisfacer las ansias de Trump. No hay que darle más vueltas.

¿Qué va a pasar entonces? Que muy probablemente Ebrard y compañía regresen a México con las alforjas vacías y más allá de mensajes y más mensajes sobre supuestos lazos de amistad y notas de “simpatía” internacional con la postura mexicana, tendremos que empezar a contar los días para que se cumplan las amenazas arancelarias De Trump… y a confiar en que efectivamente el gobierno de López Obrador tiene un “plan B” para enfrentar los nubarrones económicos que se nos vendrán.

Ya no quedará espacio para los recitales de las buenas intenciones. Así no se puede con Trump, ni modo.

Los mensajes de amor y “sagradas amistades” por los que se optó este fin de semana son como poner migajas de pan para alimentar halcones.

Ya se vio cómo reaccionan.

Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!

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