Lo dicho: el secretario de Seguridad Pública del gobierno federal, Alfonso Durazo Montaño, tiene una enorme capacidad para teorizar sobre los problemas del país. Pero no aterriza nada.

Con todo respeto -obligada aclaración en tiempos de la 4T-, ¿a quién carajos le importa que Durazo Montaño crea que la violencia actual sólo es comparable a la que se vivió en tiempos de la Revolución? ¿A quien carajos le importan los enredos con la historia del secretario Durazo?

A toda la elocuencia discursiva del responsable de la seguridad publica en el país el martes en Apatzingán, ¿qué siguió?, la respuesta en sencilla: ¡nada!

Seguimos esperando que nos digan cuál va a ser su estrategia contra la violencia que genera más violencia; contra la delincuencia que asuela cada colonia, pueblo, municipio y región del país; nos puede decir el secretario Durazo Montaño cuáles serán los parámetros y protocolos de la Guardia Nacional cuando entre en escena para hacerse cargo de la seguridad de los ciudadanos. ¿Acaso van a ser los mismos que vimos en La Huacana el domingo? Y su capacidad operativa ¿como la que demostraron en Zamora? Y no, mejor no hablemos de otros estados.

Como diría el buen verbo del secretario, que ese sí no le falta: no nos regatee la esperanza, no es tiempo para la mezquindad.

¿Tendrán claro lo que les toca hacer?

Porque -ah, las canijas coincidencias- el que sí se apareció por La Huacana fue José Manuel Mireles… a echarle más gasolina la seca pradera. Dijo el flamante doctor y muy publicitado líder de las autodefensas: el ejército es el responsable de los asesinatos ahí (en La Huacana) y los soldados se llevaron a un niño que hirieron el domingo…

Dando rienda suelta a la versión que desde el domingo ha sido llevada y traída sin que ninguna autoridad la confirme.

Pero Míreles ya se les adelantó: en La Huacana, el pueblo tuvo la razón en los hechos del domingo. Y háganle como quieran.

¡Bien! Que siga el secretario Durazo teorizando. Aprendió muy bien que en política, a veces y por un tiempo, verbo mata carita.

Y por cierto, ¿de dónde carajos se le ocurrió a Durazo comparar la Revolución con la guerra contra el narco?

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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