El presidente Andrés Manuel López Obrador reta y dice, repite y vuelve a retar: “yo tengo otros datos”. Y como no los tiene, realmente no los tiene, desvía los temas que le incomodan recurriendo a su probada capacidad para descalificar a sus críticos y crear mundos en los que perversos personajes siempre conspiran en contra de él.
Le funcionó muy bien cuando era un líder opositor que luchaba contra la “mafia en el poder”. Pero ahora es presidente, es el jefe del Estado mexicano y sus señalamientos, descalificaciones, acusaciones y desplantes tienen otra connotación y otro peso.
Resulta, en tal sentido, algo más que preocupante que el titular del Poder Ejecutivo, por el que votaron 30 millones de mexicanos, recurra a la violencia verbal y al enfrentamiento, antes de asumir las responsabilidades y consecuencias del ejercicio de gobierno para el que fue electo.
Un semestre de gobierno, sí, apenas un semestre y este es el escandaloso saldo:
1) Cancelación de la construcción de un aeropuerto que, se nos dijo, era un monumento a la corrupción; ¿y qué pasó? Nada, sólo se pagaron indemnizaciones a los supuestos corruptos… y no habrá aeropuerto.
2) Sobreendeudamiento de Pemex, empresa productiva del Estado, a la que ahora someterá a nuevas cargas presupuestales y fiscales con el encargo presidencial de construir una refinería en Tabasco… que ninguna empresa internacional con experiencia se atrevió a construir.
3) Recorte a rajatabla de personal y de programas de gobierno (lo que ocurre en el Sector Salud es “alarmante” según los directores de los institutos y hospitales nacionales) bajo una premisa que empieza a generar muchas dudas: el ahorro y la austeridad. ¿Ahorro para qué y en qué? ¿Austeridad para quién y bajo qué criterios?
4) Contrataciones y compras del Gobierno Federal directas, sin licitación. Todas concentradas en una sola oficina y persona: la de la Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda. ¿Y la transparencia? ¿Y la rendición de cuentas? ¿Y el Estado de derecho?
Esos son saldos medibles, contables y que impactan directamente en la economía, pero hay más: inseguridad y violencia al alza; raros pactos con la CNTE y el SNTE para aprobar la reforma educativa; imposición de cuates, compadres, esposas de compadres y “compañeros de partido” en cargos y puestos de todos los niveles de la administración pública y hasta en el Poder Judicial…
Para colmo, sus programas de Bienestar, dirigidos a los que menos tienen, están atorados y el dinero prometido a personas mayores, estudiantes y jóvenes sin trabajo, nomás no tiene para cuándo llegar ni a todos lados ni para todos: en parte por el censo y padrón que quieren hacer y no terminan, en parte porque las cuentas no le cuadran.
Y él, López Obrador, rete y rete: “yo tengo otros datos”. Y desviando la atención: son sus adversarios que no lo dejan gobernar; neoliberales y conservadores de la mafia en el poder que buscan ponerle obstáculos a la llamada cuarta transformación (4T).
También distingue en la prensa fifí y ahora en el “hampa del periodismo” a sus adversarios, que hacen propaganda negativa a la 4T, mientras él… tiene otros datos.
¡Ya chole con ese cuento! ¿O no? ¿O hasta cuándo?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







