Los ‘quedabien’, por un lado, y los ‘terroristas antineuronas’, por otro, insinúan que la renuncia de Germán Martínez al IMSS fue una “traición” a la llamada cuarta transformación y plantan la idea de que su ex militancia panista está en el fondo de la puntualidad con la renuncia, y denuncia cómo la política de austeridad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador pone en riesgo la buena marcha de instituciones fundamentales para los mexicanos, como es el Seguro Social.

Se equivocan quienes descubren traiciones y alardean con supuestos sesudos análisis; los vence su oportunismo dizque intelectual y su filia y fobia militante. Así de cortos, enfatizan en la “estridencia” de Martínez Cázares para poner el acento en su descubrimiento.

Error. Cualquiera que conozca mínimamente al ahora director general del IMSS sabe de su elocuencia, de lo pasional que puede ser en sus decisiones políticas y de lo encendido que suele ser cuando de asumir un compromiso se trata. Tiene la costumbre, en un gesto no común entre los políticos mexicanos, de llamar a las cosas por su nombre.

Pero así ha sido siempre. La historia no comenzó ayer ni con la cuarta transformación. Germán Martínez fue así de ‘estridente’ con el gobierno de Vicente Fox; fue así de claro cuando dejó la secretaría de la Función Pública porque el entonces presidente Felipe Calderón lo mandaba a dirigir el PAN; rayó en la teatralidad cuando, ya dirigente panista, se planteó “guanajuatizar el país” para pintarlo de azul en las elecciones de 2009, y fue así de duro y contundente cuando, ante el revés electoral, renunció a la presidencia del CEN de su partido. Y se fue a estudiar y a escribir, alejado de los reflectores.

En su reaparición en la arena política siguió siendo el mismo estridente. Nomás que ahora como férreo defensor del proyecto lopezobradorista, del que se dijo convencido y fiel seguidor.

Ese es Germán Martínez. Así ha sido y no ha cambiado. Está convencido de lo que dice y por eso lo dice. Y actúa en congruencia.

¿Traición? Es una estupidez leer así su renuncia. ¿Deslealtad? Tampoco, lo qué pasa es que los quedabien y terroristas antineuronas confunden lealtad con sumisión y lambisconería.

No hay que desviarnos del tema central. Ya lo decíamos en este espacio ayer: hay situaciones que ocurren en la principal institución de salud en el país que deberían investigarse.

Insistimos: con la salud no se juega. Sería una calamidad que en aras de cumplir con sus programas de subsidios y becas, así como con proyectos como la construcción de una refinería en Tabasco, el gobierno obradorista sacrificara recursos para el IMSS, como advierte Martínez Cázares en una de sus muchas motivaciones para renunciar.

El presidente López Obrador está obligado — sí, obligado— a ordenar una pronta revisión de las políticas financieras y administrativas que se siguen en el Instituto, que le guste o no a la fanaticada de la cuarta transformación, es una muy buena herencia que les dejaron y deben cuidarla.

Si de verdad es cierto que ‘primero los pobres’, en el IMSS tienen su verdadera prueba de fuego.

Y déjense de politiquerías.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí