Fue un estupendo candidato… y resultó un decepcionante presidente.
Con esa descripción suelen empezar muchos de los análisis que se han escrito sobre el sexenio de Vicente Fox Quesada: el de la alternancia, que tanto quedó a deber a la historia. Haber dejado intactas las estructuras sobre las que se edificó el régimen priísta, los pactos con personajes con Elba Esther Gordillo y los gobernadores del PRI y el incumplimiento de la gran oferta de combatir la corrupción y a los corruptos son, entre otras muchas, las razones que explican las decepciones del foxismo.
Esas grandes decepciones empezaron a contarse a los pocos meses de iniciado el sexenio. Y ya para el segundo semestre del 2001 eran más las dudas que las certezas. Aquella otra promesa del crecimiento a ritmo del 7 por ciento anual resultaba una macabra anécdota. “El populista de derecha”, como se le identificó a Fox, regaba muy pronto todo el capital político y la gran popularidad y aceptación con la que contaba.
Todo eso ocurría hace 18 años. Ya sabemos cómo terminó el sexenio de la alternancia. Y lo que siguió: la frustración, la decepción.
Fobias e ideologías aparte, algo parecido empieza a notarse en este primer semestre del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, que se asume y presume como el del cambio de régimen, el de la cuarta transformación, el que se igualará con la Independencia, la Reforma y la Revolución. Ni mas ni menos.
¿Cambios para satisfacer el optimismo? Salvo los que se cuentan todos los días en las mañaneras, ninguno que se pueda todavía documentar. Van, pues, seis meses de buenas historias. Excelentes relatos de lo que será la cuarta transformación.
Las mañaneras se convierten así en cuentos, a veces bien narrados, pero quién sabe si alcancen para entusiasmar y convencer. Anticipamos que no y que tendrán que cambiar de estrategia; que habrán de entender que no puede ser una conferencia el principal eje de un gobierno.
No hay popularidad que resista el puro verbo. La popularidad también tiene sus límites, sobre todo en un gobernante que tanto promete y al que muy pronto ya no le aceptarán las conocidas excusas: la culpa es de el de atrás; nos dejaron un cochinero; los conservadores, neoliberales y fifís ponen piedras en el camino; la mafia del poder…
Para pretextos, ya estuvo bueno. Señoras y señores de la cuarta transformación: ya pónganse a trabajar, para eso se les paga. ¿No dijeron en la campaña que eran ustedes muy buenos?
¿O en qué va a acabar la cuarta? ¿Será de quinta?
Vemos lo que se construye y hay más dudas que certezas. ¿La cuarta transformación o la segunda decepción?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







