Michoacán revivió a Caifanes debajo de su piel

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José Guadalupe Rodríguez – Charo, Michoacán

Como una cita obligada para cualquier aficionado al rock, sin distinción de edad, miles acudieron al llamado de Caifanes y se aglomeraron en el Teatro del Pueblo de la Expo Fiesta Michoacán 2019, la feria del estado.

Hasta al frente estuvieron, como ocurre en cualquier concierto, los fanáticos de la banda chilanga, quienes desembolsaron unos pesos de más, y sacrificaron unas horas de más, para tener el privilegio de estar a escasos dos metros de Saúl Hernández y compañía; en la parte del medio se hallaban los rockeros de cajón, mientras que atrás y a los costados del recinto, todos los que no suelen faltar a la convocatoria que ofrece el espacio techado del tradicional Teatro del Pueblo, cuyo escenario ha albergado este año a artistas como Mijares, Pepe Aguilar, Yuri, y a bandas como Bronco, Mi banda el mexicano o Los Ángeles Azules, por mencionar algunas.

Eran más de las 9:30 de la noche y los asistentes comenzaban el ambiente para entrar en calor, y que no los agarraran de bajada cuando aparecieran en el escenario la primera banda de rock mexicana que convocaba en los años 90 a multitudes para escuchar su arte. Y así ocurrió, sin apenas caer en cuenta, eran las 9:50 p.m. en punto cuando un sonido potente se apropió del momento y fue Afuera, el gran éxito de su último álbum original El nervio del volcán de 1994, el que aperturaba la velada.

“El aplauso es para ti y no para Caifanes”, decía Saúl, y como para no perder la atención, continuaba con su inconfundible voz: “préstame tu peine y péiname el alma, desenrédame fuera de este mundo…” dando pie a que los miles de asistentes corearan: “viento amárranos, viento detente muchos años…”

“El mar se mide por olas y el cielo por nubes, nosotros por lágrimas. Jaime Sabines”, recitaba Saúl y continuaba con Nubes y Miedo, la tercera y cuarta rola de su setlist, que por más tenues que fueran no cortaban la euforia de los michoacanos.

En este momento de la noche, bajo la inmensa luna llena y un clima inmejorable, Saúl Hernández pedía conciencia para cuidar el planeta:

“No somos conscientes de lo que se está muriendo[…], hay que dejarles a nuestros hijos y a los próximos habitantes de la tierra un mundo mejor”, a lo que la gente respondió con gritos de aprobación y se deleitó con Tortuga, cuya letra le daba contexto a las palabras del vocalista de 55 años de edad.

El famoso cuarteto conformado por Sabo Romo, Alfonso André y Diego Herrera, acompañados por un nuevo guitarrista, Rodrigo Baills, no pasaron desapercibidos y en cada momento donde la voz faltara, salían al quite con solos de guitarra, saxofón, piano o batería, que no eran indiferentes para el respetable, que aplaudía la calidad con la que daban vida a los instrumentos.

Por su parte, Saúl el ‘Jaguar’ Hernández, con su clásica melena y su distintivo diastema, contagiado por varios músicos quienes le tomaron la palabra al grandioso Freddie mercury quien no se tocó sus dientes para no perjudicar su voz, salió conectado y contagió de buena vibra a sus fanáticos.

Rebasada la primera media hora de espectáculo, en la explanada lucían decenas de niños que coreaban algunas de las canciones de la banda que surgió oficialmente en 1988 bajo el nombre de Caifanes, inspirados en aquellos intrépidos personajes de la película mexicana de 1967 dirigida Juan Ibáñez. Fue para esa nueva generación de fanáticos que Saúl dedicó Ayer me dijo un ave:

“Esto es para tus hijos, tus sobrinos, para esas nuevas generaciones de Caifanes. Bienvenidos. Esta canción es para los niños, para que nunca sufran y vivan su vida bien”.

Después de 25 años su último sencillo original El nervio del volcán, un nuevo tema que por ende augura un nuevo disco, y que fue presentado ante el público en el pasado Vive Latino 2019, llegó a Morelia. Se trató de Heridos, cuya letra y sonido no pierden la esencia impregnada en sus cuatro álbumes.

En la setlist continuaron Mátenme porque me muero y Amanece, de su primer disco de estudio Caifanes de 1988; luego el grupo amenizó con Aviéntame y regresó a los orígenes con Perdí mi ojo de venado, otras de las consentidas del público por el alarido generado al que convocó Alfonso André desde la batería y que continúo Saúl con los aplausos, para contagiar a los asistentes, que no paraban, pues seguía No dejes que…

La noche se hacía grande y fue momento para que Saúl presentara a sus cómplices de más de 30 años. Por su parte, Sabo Romo aseguró que los morelianos estaban presenciando uno de los mejores conciertos que la banda había brindado en los últimos años, cosa que no estaba alejada de la realidad, y preguntaba que quién faltaba para despedir; fue el público quien coreó a Saúl Hernández y este se hizo presente en el escenario para despedirse en conjunto. Piedra y Los dioses ocultos no pudieron faltar en el repertorio.

Las luces se apagaron y los integrantes se disolvieron con ellas. Algunos asistentes se fueron con la finta y comenzaron a abandonar sus lugares, sin embargo, la mayoría gritaba: “¡otra, otra, otra!”, mientras que otros más coreaban “¡Célula, célula, célula!”, pidiendo La célula que explota.

Solo unos minutos pasaron para que el ahora quinteto volviera con un solo de saxofón a cargo de Diego Herrera, quien metió una melancolía al ambiente que sentenció con la letra de Quisiera ser alcohol.

Parecía que los decibeles habían bajado pero subieron al cien por ciento, acompañados de gritos de euforia, cuando se hacía presente por fin La célula que explota, en la que Saúl cedió los micrófonos para que los más de 40 mil asistentes pusieran letra al sonido inconfundible de uno de sus temas más exitosos.

Por último y para concluir la mágica noche, los mexicanos representantes de Rock en tu idioma allá por los años 90, sentenciaron la velada con La negra tomasa, cuyo ritmo y sabor, impregnados por el rock, acabaron por conquistar estas tierras michoacanas tras dos intensas horas de concierto que rayó en lo sublime, bajo esa enorme luna de mayo y con ese agradable clima.

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