Así son las cosas en la llamada cuarta transformación. El presidente Andrés Manuel López Obrador promete que se construirá una refinería en su tierra, Tabasco, y le pone fecha a la entrega: tres años. Le pone números: 8 mil millones de dólares. Ni uno más, que son tiempos de austeridad y “orden en en gasto”.
Manos a la obra, “invitan” a cuatro empresas extranjeras a concursar por la licitación. Una es estadounidense, otra italiana, hay una francesa y una más es australiana. “Las mejores del mundo” en eso de construir refinerías, presume la cuarta.
Pero ninguna acepta: imposible construir una refinería en tres años y difícil, muy difícil, que la inversión se ancle en los 8 mil millones de dólares. No le entran.
El presidente, contrariado, las desinvita. Al fin que ni quería, parece decir en las explicaciones de su mañanera, declara desierta la licitación (son bien careros y pereros los contratistas) y decide encargar la construcción de la refinería a Pemex y a la Secretaría de Energía (Sener), convertidos de pronto en el oasis de los recursos y la inversión.
Además: Entregarán la obra en el plazo prometido y no rebasarán los costos.
¡Qué las mejores del mundo ni que ocho cuartos y la manga del muerto! Aquí están Pemex y la Sener para demostrarles que sí se puede. Faltaba más.
Así se hacen las cosas en la cuarta transformación: la realidad tiene que ajustarse al gusto y mandato presidencial. Y hágase lo que se tenga que hacer.
Así pasó con la cancelación del nuevo aeropuerto internacional de México que se construía en Texcoco y la decisión de llevar la obra de la nueva terminal aérea -sin que existiera el proyecto- a la base militar de Santa Lucía.
El capricho chocó con el Cerro de Paula y la cancelación de la obra en Texcoco se cuenta entre las decisiones -acaso la principal- que provocaron la caída en la inversión durante el primer trimestre de este año.
Así también con el Tren Maya y el corredor transístmico. Las consultas a mano alzada en la plaza y rituales a la madre tierra han reemplazado a los proyectos y planes hechos por expertos.
La realidad tiene que ajustarse al mandato presidencial.
¿Y si no? Cámbiese, entonces, la realidad. Invéntese otra.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







