La versión de la supuesta renuncia de Alfonso Romo Garza al cargo de jefe de la Oficina de la Presidencia de la República tiene su origen en el “ala izquierda” de la cuarta transformación, donde el empresario no es bien visto y lo quisieran lejos, expulsado de los salones de Palacio.
Algunos observadores con conocimiento de causa -y de las muchas causas de la 4T- nos dicen que el trascendido adquiere relevancia por ese hecho, que desnuda la pugna desatada por la dirección y rumbo del gobierno lopezobradorista.
En el quehacer del gobierno Romo no ata ni desata; su presencia ahí es puro maquillaje… pero algo representa. Y lo que representa no le gusta a la izquierda.
Eso es lo interesante del tema, lo que está en el fondo: la lucha intestina entre los representantes de la izquierda y los moderados o empresarios, ex priístas y ex panistas dizque transformados por la mano de AMLO.
Los primeros ven con desconfianza a los segundos, y éstos no digieren la posibilidad de que la administración de López Obrador se incline por completo hacia la izquierda; les aterra, es más, en el análisis que se hace.
Así es de que el bombardeo a Romo continuará; con mayor o menor intensidad, a ver si en los próximos meses se les hace tumbarlo a sus malquerientes, que no son pocos y sí con fuerza en la cuarta.
Para desgracia del empresario regiomontano, de su lado son pocas las lealtades: el puesto que trae encargado es de la ambición de muchos, que ya se relamen los bigotes en espera del ‘cachetadón’ que lo saque de la jugada.
¿Renunció Romo o no? Es lo menos relevante de todo. De acuerdo a como han transcurrido los primeros meses de la administración amlista, si se va o se queda, es intrascendente. Nada va a cambiar… porque en nada ha influido.
Incluso, para las cúpulas empresariales tal vez sería mejor su remoción, pues desearían un interlocutor con mayor peso y reconocimiento en el gobierno. Peso y reconocimiento que no tiene Romo, como quedó evidenciado en el episodio del nuevo aeropuerto internacional de México.
Lo trascendente, así, es dar seguimiento a la lucha que ya empezó por la dirección y rumbo de la 4T.
Ahí está el fondo del asunto; ahí se estará definiendo el futuro del país en los siguientes años.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







