Y todo por no gastar. O siquiera hacer el intento. Que se vieran las ganas, pues.
Ayer decíamos en este espacio que los buscadores de partidos de oposición fuertes, reales contrapesos, no pueden contar con el PRI. Los priistas tienen la culpa: no se les ve ganas de cambiar.
Parece increíble, de veras, que hayan dejado pasar la oportunidad que tenían con la elección de su dirigencia nacional. Por ahorrarse o no querer gastar 250 millones de pesos, más o menos, que planteaba el Instituto Nacional Electoral (INE) para organizarles su “consulta a la base”, en una sentada desprestigiaron todo su proceso y echaron por la borda el discurso ese de que ahora sí iban a cambiar. Que el fregadazo del 18 los hizo reaccionar.
Nada. Caray, y eso que no es su dinero. Era la mejor inversión que pudieron haber hecho con el dinero público que reciben: darle credibilidad y certeza a la elección de su próximo presidente nacional.
Pero prefirieron “el ahorro”. Y como no dejan de ser lo que son, en el enredo desprestigiaron también a los dos candidatos que mejor se perfilaban: el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, por su inclinación hacia el presidente Andrés Manuel López Obrador; y el ex rector de la UNAM, José Narro, por estar al servicio de los intereses cupulares en el tricolor.
Ellos mismos se dan; se acusan y desacreditan. ¡Son unos genios!
Ahora, los priistas organizarán su propia elección. Nombrarán su comité organizador y buscarán que su consulta salga baratita. Para no gastar mucho.
¿Quién encabezará su órgano electoral interno? Se escuchan propuestas: José Murat, Manlio Fabio Beltrones, César Camacho, Miguel Ángel Osorio… ¡Ah! Y por qué no, el expresidente Carlos Salinas. Vaya vaya.
Lo decimos desde ahora: caro van a pagar por andar de cuentachiles.
Aquí se queda… ¡Aquí entre nos!







