Una cartulina apareció por ahí, en la marcha que en CDMX realizaron los contrarios al presidente Andrés Manuel López Obrador: “se buscan partidos de oposición”, se leía.

Quien la preparó encontró respuesta rápido: no cuente con el PAN ni con el PRI. Esos partidos están empeñados en la autodestrucción. Y este año sumarán más de sus esfuerzos en esa dirección.

Los tricolores dirigidos supuestamente por Claudia Ruiz Massieu no sienten pena por su propio dolor y hacen de la elección de su próximo dirigente nacional un batidillo nauseabundo. Lo más curioso es que entre todos se miran de reojo, desconfiando, sospechándolo todo, esperando la traición o el golpe bajo.

Dijeron que, por primera vez en su historia, elegirían dirigencia nacional por consulta directa a las bases. La elección la organizaría el Instituto Nacional Electoral (INE) y el otrora partidazo calmaría la nave a punto de naufragar.

Muy pronto, sin embargo, se cansaron las voces democratizadoras del PRI: aduciendo la falta dinero y de un padrón de militantes confiable, dieron marcha atrás y no será el INE quien organice su elección interna, ¡sino ellos mismos!

Lo de la falta de dinero y padrón verificado pueden ser argumentos ciertos, pero el caso es que si de verdad tienen la intención de rescatar el barco, algo deberían de inventar para darle credibilidad y certeza a su elección. ¿O alguien les va a creer que habrá juego limpio? Nadie. Ni ellos mismos.

Como muestra, el último botón: apenas surgió la idea de que fuera, en todo caso, una elección a la vieja usanza, es decir, por acuerdo cupular, todos vieron dados cargados a favor del ex rector de la UNAM, José Narro, uno de los aspirantes. ¿Y si hablamos de un proceso electivo con consulta a las bases? Pues ahí los dedos acusadores se dirigen al gobernador de Campeche, Alejandro Cárdenas, por la supuesta bendición que trae desde Palacio Nacional.

En fin, que los priistas arrastran su desprestigio, a jirones.

¿Y en Acción Nacional? No hay panista con alguna experiencia que no lo advierta: a Marko Cortés le quedó grande, muy grande la presidencia del partido. Resultó, convienen, una muy mala copia de Ricardo Anaya.

No le reconocen liderazgo ni influencia. Tampoco ha sido un dirigente con ideas frescas, renovadas para el partido.

Para colmo, el PAN será el gran derrotado de los comicios programados para el próximo mes de junio: perderá en Baja California, estado que gobierna desde 1989, y caerán en Puebla, entidad en la que apuntó al poder en 2011, con el triunfo del finado Rafael Moreno Valle.

Y para aderezar el pastel de los sinsabores panistas: muchos sólo están a la espera del registro del nuevo partido de Felipe Calderón y Margarita Zavala para migrar.

Lo que sigue, pues, es la desbandada.

¿Alguien busca partidos de oposición? No cuenten con el PRI ni con el PAN.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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