Desde 2015, en forma acelerada, se escuchan los vaticinios: el Partido de la Revolución Democrática (PRD) está condenado a desaparecer. Ya para 2018, luego de los comicios de julio, las profecías fueron una invitación a las exequias.
Un dato curioso es que los más agudos epitafios han sido aportados por perredistas convertidos al partido Morena (o sea, casi todo Morena) con peroratas que parecieran misas de exorcismo. Pero en el acto de trucar está el pecado.
Alguien lo dijo: los perredistas morenos (perremorenos) aspiran a que desapareciendo la franquicia del sol azteca les será más fácil reescribir sus historias personales. Apelan a la corta memoria o desmemoria que atribuyen a los mexicanos (ahí están sus peroratas).
En esas todavía andan, cuando el PRD está cumpliendo 30 años y, !oh, sorpresa!, parece que serán más. Los que siguen -que no son tan poquitos porque son los suficientes- no tienen la menor intención de desaparecer el partido.
Por el contrario, quién lo dijera, apuestan a la suma de otros grupos sociales, asociaciones políticas e incluso de otros partidos para reencauzar camino y tomar aire rumbo a los comicios de 2021, cuando se renovarán 13 gobiernos estatales (entre ellos, por cierto, el de Michoacán, único con sello perredista que sobrevive) y toda la Cámara de Diputados, es decir, la oportunidad de romper la mayoría amlista.
Lo dijeron ayer los perredistas. Tal vez convencidos, golpe a golpe, que lo que no aniquila fortalece. Según consta en su 30 aniversario, están convencidos que el tsunami lopezobradorista de julio del año pasado no destruyó su casa. Algo quedó. Y quieren reconstruirlo.
Ya se verá si el tiempo y las condiciones resultaron las propicias. Por lo pronto y por lo dicho en sus treinta, una seguridad: habrá PRD compitiendo en 2021.
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







