Foto: ACG

Este lunes tocamos base en un tema del que poco, muy poco se habla, cuando de los problemas de la seguridad pública se trata: las condiciones laborales -estrictamente laborales- de los policías en el país.

Y es de esperarse que pronto sea tema central del diagnóstico y de la receta, pues muy poco se podrá avanzar en este terreno, mientras no se busque atender, de raíz, las deficiencias y carencias que históricamente tanto han dañado a las corporaciones policiacas.

Desde hace años, el discurso oficial ha hecho énfasis en la poca confianza que generan las corporaciones policiacas; análisis de especialistas en seguridad atribuyen a “la falta de buenos policías en estados y municipios” la necesidad de la permanencia del Ejército y la Marina en tareas de seguridad pública, y las encuestas ciudadanas arrojan una incuestionable realidad: la mayoría de las y los mexicanos no tienen confianza en sus instituciones policiacas.

Ahí, entre los niveles de gobierno, se echan la bolita. Y en lugar de asumir responsabilidades, se reparten culpas. El caso es que la situación salarial, condiciones laborales, prestaciones, capacitación y equipamiento de los policías regularmente son temas que se dejan para después… o que son atendidos a medias.

Los diagnósticos, generalmente, no van acompañados de la receta. Mucho menos de la medicina.

Incluso, ahora que tanto se habla de la entrada en acción de la Guardia Nacional (compuesta en su mayoría por militares y marinos y mandos ídem), no se escucha como parte de la estrategia nacional que el fortalecimiento de las policias estatales y municipales sea, ya no una prioridad, sino una tarea para el futuro.

Así es de que, fuera de politiquería e insanas insinuaciones, lo que ocurrió aquí en Morelia y en otros municipios este lunes, debe ser una llamada de atención para voltear hacia un tema del que poco, muy poco se habla: las condiciones laborales de los policías en el país.

Y habrá que entrarle en serio, si es que con seriedad se quiere entrar al proceso de pacificación de la nación.

Aquí se queda… ¡aquí entre nos!

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