Con el caso del anuncio de la cancelación de las Zonas Económicas Especiales (ZEE) nos quedamos igual que en el del abandonado del aeropuerto de Texcoco: son despreciables, ¡me canso ganso! Y punto final a los proyectos.
Sentenció el presidente Andrés Manuel López Obrador: “eran supuestamente para ayudar, pero nunca hicieron nada por ayudar; hicieron negocios, compraron terrenos y derrocharon recursos (pero) no se benefició en nada”.
Todos estos “inventos carísimos” -añadió el mandatario en su mañanera del jueves pasado- están costando tiempo y dinero, porque se están pagando y finiquitando contratos ya establecidos.
Otra vez, así, la acusación: corrupción, negocios para unos cuantos. Y la insana sospecha: si hubo derroche y se compraron terrenos, hay los beneficiarios. Más corrupción, más abuso. ¿O cómo está eso?
Si todo eso es cierto, lo más correcto (política, ética, moral y legalmente) es que haya un detallado informe de ese barril sin fondo en que se convirtieron las ZEE, desde que en septiembre de 2017 Enrique Peña Nieto firmó el decreto para su creación y promover el desarrollo y la inversión en el sur del país.
¿Dónde está el derroche? ¿Quiénes y en qué condiciones vendieron y compraron terrenos que merecen la descalificación explícita del presidente de la República? ¿Qué contratos se están finiquitando? Todas son preguntas que debería contestar ese informe, sobre todo porque la única “explicación” que se dio luego del anuncio presidencial, fue la del vocero Jesús Ramírez: las ZEE no estaban contempladas desde el inicio de la administración.
Serán sustituidas por los planes y programas de desarrollo regional de la cuarta transformación, dijo el vocero de Palacio Nacional. Luego entonces: mexicanas, mexicanos, en la ZEE también hubo gato encerrado.
El problema es que, otra vez, no nos dicen de parte de quién o de quiénes.
¿En qué estábamos? ¡Ah, sí! Que se destruya todo, para empezar de cero. ¡Me canso ganso!
¿Y los culpables de la corrupción? ¡Esos con una mañanera tienen!
¿A dónde íbamos?
Aquí se queda… ¡aquí entre nos!







